domingo, 29 de mayo de 2016

8


—¿Sabías que el socio del Trueno era un boreano?— preguntó Polo, con los ojos cansados.
—Eh… —balbuceó Matt—. No, ¿hubiera cambiado algo?
—No —dijo Polo, exhalando una enorme cantidad de aire—… supongo que no.
Matt miró al Reloj con una expresión severa y sobria. Polo le devolvió la mirada y entendió que podía confiar en él de nuevo.
—La fábrica o la morgue. ¿Dónde vamos? —quiso saber Polo.
—Que Ion se fue a la morgue de la Dinastía es seguro, pero no sé qué carajo deberíamos hacer nosotros.
—El problema es el cuerpo del Trueno, podríamos borrarlo de la ecuación —Polo pensó en voz alta.
—O quizás deberíamos sacarle relevancia a lo que pueda hacer el boreano aquel. Dudo que pueda hacerse con el cadáver así como así.
—¿No escuchaste como bufaba? Estaba decidido a cualquier cosa.
Una llovizna imperceptible empezó a rociar sus hombros, y las calles se llenaron del olor del asfalto mojado.
—No me confío de lo que alguien pueda hacer por como respira. Creo que la Dinastía lo va a cagar a tiros —dijo Matt.
—Sí, es una posibilidad. Pero no quiero que cada lugar que pisen nuestros compañeros se convierta en sus tumbas debido a «negligencia espontanea». Vamos a terminar dejando un rastro de sangre demasiado evidente.
—No veo el problema; no seas tan dramático. A Ritmo le chupa un huevo lo que le pase a Ion.
—Sí —Polo volvió a asentir—. Pero el cornudo de Antena me pone la piel de gallina. Ese tipo a la primera sospecha se va a meter adentro de nuestras cabezas y nos va a sacar la ficha enseguida.
—Le caemos bien… y no creo que pueda sacar nuestro pasado con solo meterse adentro nuestro —dijo Matt, en tono sobrador.
—Tal cual. Seguro que si le pagamos un trago a un dirigente de la organización mafiosa más grande del planeta nos perdona el hecho de que seamos agentes encubiertos —le dijo Polo sin mirarlo.
—Vos siempre llevando los casos al extremo, la re putísima madre. ¿Qué sugerís? —preguntó el boreano, llevando sus manos a la cadera, una pose que los dos siempre hacían cuando tenía que pensar o estaban estresados.
—Ahora mismo… supongo que las patrullas están dentro del edificio recogiendo los cuerpos.
—¿Están adentro? —preguntó Matt, interrumpiéndolo.
—Sí, estoy seguro que entraron al edificio. Quizás hasta el mismo Donning llamó a la Dinastía buscando protección. Estaban demasiado cerca de la fábrica para ser una coincidencia.
El Ladrillo asintió sin estar del todo convencido. Tenía sentido, pero Polo tenía más corazonadas que otra cosa.
—El modus operandi con un cadáver: revisarlo, sacarle toda la información posible y quemarlo en las veinticuatro horas siguientes —dijo Polo.
—Si ese Donning es importante imagino que se van a quedar con el cuerpo más tiempo —dijo Matt.
—En teoría. Pero el problema es el cuerpo del Trueno. Por suerte, mañana lo van a estar incinerando en las afueras de la ciudad y nuestros problemas van a desaparecer. —El humano sacudió la cabeza, permitiéndose creer que aquel día apuntaba a terminar.
—Cambio de rumbo, entonces —dijo Matt—. La evidencia se va a borrar sola. Nuestro problema es Ion.
—Necesitamos frenarlo… o algo así.
Ambos caminaban en dirección a la parada de taxis más cercana. Después de un pequeño silencio, Matt se dio vuelta y comenzó a correr en dirección contraria. Polo giró la cabeza, boquiabierto.
—Anda a la morgue y esperame ahí —gritó el boreano desde lo lejos. El humano levantó las manos sin entender qué estaba pasando.
Polo el Reloj se refregó los ojos con fuerza antes de seguir, y cargó su pistola. Caminó dos cuadras con un paso mucho más apurado y se metió en un taxi. La morgue no estaba lejos.
La escena no era demasiado distinta a cómo Polo la había imaginado; la morgue en la madrugada era un desierto e Ion iba a poder hacerse con el cadáver y lo que carajo quisiera sin esforzarse demasiado. Eran las cinco y cuarto y todavía el sol ni amagaba a salir.
La quietud del lugar y el hecho de que las puertas de vidrio todavía estaban enteras eran motivo suficiente para creer que Ion todavía no había llegado.
Había un pequeño callejón frente a la morgue, ideal para hacer tiempo. Polo no tenía idea de qué había ido a hacer Matt, pero notó que estaba dependiendo de él. No tenía un plan más que esperar y ver.
Polo relajó su cabeza por primera vez en la noche y respiró el aire de la madrugada. Creía poder sentir pequeñas partículas de hielo en la llovizna; hacía mucho frío a esa hora. Minuto a minuto la temperatura bajaba y veía como su aliento se convertía en una niebla blanca. Apretó las manos deseando tener otro cigarro, y esperó. Esperó a que la suerte echara las cartas.
Los sonidos de los otros tres protagonistas de la escena llegaron al lugar casi en simultáneo.
 Desde la izquierda: Ion con sus pasos lentos y pesados, cargando con un rifle tan grande como su torso. Desde la derecha: el Ladrillo trotando con un frasco de cristal en una mano y una jeringa en la otra. Desde arriba: los vehículos mortuorios empezaban a descender en el playón de estacionamiento de la morgue.
La acción no se hizo esperar. Ion abrió fuego contra las naves de la Dinastía, sin escrúpulos. Las balas del pesado rifle desintegraban el chasis de los vehículos, haciendo casi imposible maniobrar como correspondía. Mientras tanto, Polo agarró a Matt por el brazo y lo metió adentro del callejón.
 Dos de las naves lograron aterrizar, produciendo un horrible chirrido de metal derrapando en el asfalto. La tercera nave perdió el rumbo y cayó de costado, chocando contra el edificio y desplomándose a solo unos metros del dúo.
Polo miró lo que Matt llevaba y se ahorró las preguntas. El boreano agarró la jeringa y la llenó con el líquido blanco. Sacó la cabeza del callejón para ver a Ion llenando su cargador, justo antes de que los hombres de la Dinastía contraataquen.
Matt le explico a Polo lo que tenía que hacer con pocas palabras. El humano asintió y tomó la jeringa llena. Empezó a correr a toda pastilla rodeando la manzana para tomar la espalda de Ion. Matt desenfundó la pistola y esperó a actuar en el momento adecuado.
La llovizna se había convertido en una lluvia mucho más pesada. Polo llegó a la retaguardia de Ion, quién estaba ocupado baleando la nave que había caído no muy lejos de él. Dos agentes de la Dinastía ya habían abierto el fuego contra el boreano que ignoraba totalmente los balazos que recibía. Los mismos guardias de la morgue salieron a defenderse, pero uno por uno eran destrozados por el rifle y la inmaculada puntería de Ion.
El humano respiraba lentamente, esperando el momento justo donde la balacera parara y pudiera clavara la jeringa en Ion. Vio el momento indicado cuándo las puertas de vidrio se desplomaron, creando una orquesta de cristales explotándose por el contacto con el suelo.
Ion era tan alto que Polo tuvo que saltar para llegar a la altura indicada. Polo que tenía que ir y clavarle la jeringa detrás de alguna articulación importante, como las rodillas y axilas, dónde la piel era mucho más débil. En la misma fracción de segundo que saltó, el boreano reconoció el ruido de los pasos por sobre la lluvia, los tiros y los gritos. Pero su cuerpo no reaccionó lo suficientemente rápido, solo llegando a girar su cadera y apretar el gatillo como acto reflejo.
Polo se aferró al brazo de Ion que sostenía su arma, y se aferró con el brazo robótico. Aprovechando la sorpresa del boreano, clavó la jeringa en su axila y la vació en un abrir y cerrar de ojos. Al mismo tiempo, dos agentes quisieron tomar ventaja para disparar, pero los dedos de Matt fueron más rápidos. Sus cuatros tiros dieron en el blanco. De momento no quedaba nadie más, pero por el rabillo del ojo pudo ver como parecían venir sirenas azules de todos lados.
Ion soltó un extraño bufido al sentir el pinchazo y el líquido entrando en sus venas. Terminó de girar su cuerpo, pero Polo estaba listo. No había terminado de girar cuando la prótesis del humano ya había hecho contacto con su barbilla. Polo juró haber escuchado un hueso crujir, y el boreano cayó. Matt apareció desde el callejón y pateó el rifle a un costado.
—Agarralo de los pies y vamos para allá —dijo, moviendo la cabeza hacia atrás—. Dejé un taxi esperando.
Polo levantó las cejas, sin entender nada.
—La anestesia actúa en diez segundos, o todavía más rápido con esa piña que le pusiste. Está totalmente ido.
El dúo levantó el peso muerto de Ion y alzaron la cabeza para ver la tormenta de luces azules que se avecinaba. Lograron llevarse el cuerpo con rapidez, dentro de lo que cabía esperar.
—Mira lo que viene a pesar este hijo de mil puta —gruñó Polo, exhausto, antes de dar el último empujón para que Ion entrara en el taxi.
Tan pronto como Matt cerró la puerta, las luces de los coches de la Dinastía se condensaron en la morgue. Habían sido lo suficientemente rápidos como para alcanzar la sangre antes de que coagulase, pero no para agarrar a los responsables.
Subidos los tres en el auto, Polo respiró profundamente cuando el taxi tomó altura y se alejó de la escena. Matt tenía pinta de haber terminado disfrutando la noche, saboreando la impunidad que habían logrado.
Matt se ofreció a llevar a Ion a su casa, prefiriendo evitar una discusión con Polo acerca de lo improvisado que había sido su plan. Si la anestesia funcionaba bien, el tipo iba a dormir treinta y seis horas corrido.
—Voy a fumar hasta quedarme dormido, fue demasiada tensión para una noche —soltó Polo, dos cuadras antes de llegar a su casa.
—Normalmente te diría que dejes esa mierda —dijo Matt, empezando a dibujar una sonrisa—. Pero no puedo sacarme de la cabeza la trompada que le pusiste a este tipo. Hasta el sonido fue perfecto.
Polo sonrío al saber que aquél sonido había sido real.
—Fue lo que se merecía. Espero que no esté demasiado molesto cuando se despierte —dijo Polo.
Matt sacudió la cabeza y dejó al humano fumar sin preocupaciones.




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