“Los problemas con Ion se resolvieron
cordialmente. Fui capaz de calmarlo de un boreano a otro. Luego de eso,
Sonrisas nos permitió unos días de calma. Los negocios fluyen con normalidad.
Pero ese es parte del problema. ¿Cuáles son sus negocios? Sonrisas nos ha
enviado en trabajos dispares entre sí. Cobrar deudas. Vender armas. Ejecutar.
¿Cuál es su negocio principal? No logro ver a donde apunta todo. Quizá ustedes
puedan unir los puntos mejor que nosotros. Fin del reporte.”
Matt guardó el
archivo y apagó su computadora. De nuevo, se había asegurado de usar una
maquina publica, que no pudiese registrar su acceso. Pero era imposible estar
seguro de que fuese un método confiable. Sonrisas parecía tener un alcance sin
límites; contactos en todos los rincones. Era imposible saber que tanto
controlaba a sus empleados, que tanto revisaba sus accesos a un ordenador.
Basta, se dijo
Matt. Basta de esta paranoia. “No sabes. Simplemente no sabes que tan a salvo
estás.” El boreano se palmeo la cara, pero ni siquiera lo sintió. Suspiró.
Había tantas cosas que no sabía… Su compañero, Polo, no tenía memoria de su
pasado, pero a veces Matt sentía que él era quien estaba verdaderamente
perdido.
Se había movido
hasta un banco en la calle, donde creyó que podía gastar un rato viendo a la
gente pasar. Sin embargo, en esa ciudad había tanta población que no podía
verse más que un sinfín de autos navegando uno sobre otro. Centró su vista en
nada en particular, dejando que su mente vagara sin dirección. Necesitaba una
guía. Algo a lo que aferrarse. Por ahora, el Capitán Ducrey era la última
garantía que le quedaba. Aunque Polo creyese que juntar toda su investigación
en un solo lugar fuese riesgoso…
—Él no entiende —susurró
Matt—. Nadie entiende.
Se tomó la
cabeza con las manos. Su cuerpo se sentía más pesado… Estaba transpirando.
¿Cómo podría
entender Polo? Él lo había matado… Al familiar de Donning. Matt no había podido
dejar de pensar en él desde aquel día. La manera en que toda la gente de la
calle había reaccionado… La botella que habían tirado en su cara…
—Carajo.
Necesito un trago.
“Carajo”, pensó
Polo. “¿Ahora qué?”
No era normal
que lo citaran al edificio sin su compañero. Solo solían llamarlos para darles
trabajos, y siempre se los daban a ambos…
Mientras pasaba
a la oficina, Polo no lograba quitarse la sensación de que algo andaba mal.
—Por favor —dijo
una voz—, tomá asiento.
—¿Eh? —Polo
levantó la cabeza, saliendo de sus pensamientos. Frente a él se encontraba una
mujer de piel violácea.
—Que tomes
asiento.
—Ah, sí…
Mientras hacía
caso, la mujer le sonrió.
—Perdón —dijo
Polo, algo confundido—, ¿Rima va a entrar pronto?
—Oh, hoy no
estas para verlo a Rima —dijo la mujer. Polo notó que su cuerpo no estaba mal
dotado, y sonrió.
—Ah, ¿sí?
—Hoy estás para
verme a mí… Me dicen Vibra. —Tras decir eso, la mujer se sentó sobre la mesa en
frente de Polo, extendiendo su cuerpo ante él.
—¿Vibra? —Polo
perdió su sonrisa. Había escuchado ese nombre antes… Entre charlas de bar. ¿Cómo
era…? Un agente de Sonrisas del que todos hablaban… Estar en ese cuarto podía ser
peligroso. Su cuerpo empezó a tensarse, pero de pronto ese sentimiento desapareció,
reemplazado por otra cosa. Algo mucho más fuerte.
“Cielos”, pensó
Polo, mientras se esforzaba por recordar. “Que buena que está…”
—¿Sabes, Polo? Era
muy importante que vinieras… —empezó a decir Vibra—. Te esperaba con mucha ilusión.
—¿E-En serio? —Polo
se revolvió en su asiento, sintiendo que la temperatura aumentaba cada vez más.
La mirada de esa mujer era… penetrante.
—Sí. Veras, apareció
algo extraño en los registros hace poco… En los registros de Sonrisas. Y el
señor creyó que ustedes merecían el beneficio de la duda, teníamos que
preguntarles antes de sacar conclusiones.
Polo tuvo un escalofrió,
y mil pensamientos cruzaron su mente. ¿Acaso se habían equivocado en algo? ¿Habían
revelado para quien trabajan? ¿Acaso era su final?
Pero el impacto
le permitió concentrarse por un segundo, y entonces pudo recordar. Vibra: La
Tyrhileana que trabajaba para Sonrisas. La que emitía feromonas con su
presencia… La que excitaba a la gente hasta lograr hacerlos hablar.
Conque así
estaban las cosas, ¿eh? Sonrisas les había mandado una interrogadora. Realmente
la habían cagado.
—¿A…? —Polo tragó
saliva—. ¿A qué te réferis? —su mirada era fría, su postura era recta. Polo no
había olvidado su entrenamiento.
—Bueno, parece
que tu compañero estuvo haciendo muchos accesos a computadoras alrededor de la
ciudad… y cada vez que se retira deja todo guardado en un mismo archivo.
Mientras
hablaba, mientras de su boca salían palabras que podían significarlo todo para
Polo, Vibra siempre mantenía su sonrisa, su mirada penetrante.
Polo estaba
tieso. Petrificado. Y lo asaltó una ilusión: Se imaginó saltando sobre Vibra, derribándola
y tomando su cuello con ambas manos… Y las feromonas seguían haciendo efecto, estimulándolo
más y más… Y su agarre en el cuello se haría más duro, hasta que…
¡No!
No. Solo era una
fantasía. Solo era la influencia de Vibra. Aún tenía que responderle.
—¿Reloj? ¿Estás
ahí? —Vibra soltó una risita—. ¿Se te ocurre que puede tener este archivo de tu
compañero? Lo que está haciendo parecen las acciones de alguien que no quiere
que sus registros se guarden… alguien que tiene algo que ocultar… Pero todos
los que trabajamos para Sonrisas acordamos decirle la verdad, ¿no?
Polo recordó la
mejor forma de mentir: diciendo la verdad.
—No sé… No sé lo
que tendrá ese archivo. Esto tambien es una novedad para mí.
Mientras tanto, Matt
se esforzaba por volver a casa. Sus pasos eran vagos, tentativos, difusos entre
todo el alcohol en su organismo. Pero la oscuridad en su vista era oscuridad en
su mente, y eso lo alejaba de sus dudas, su dolor. Todo estaba bien.
Matt no dejaba
de repetirse eso mientras andaba, pasando por un callejón para llegar a casa. De
haber hecho silencio en su cabeza, quizá hubiese escuchado los pasos que lo seguían
por detrás. Cuando Matt entró al callejón, los pasos dejaron de molestarse en
ocultarse, y un grito resonó por el aire.
—¡Esto es por Donning!
Una botella voló
por el aire, estrellándose en la cabeza del boreano. La botella explotó en un
remolino de fuego, y la chaqueta de Matt tambien se incendió. A todo esto, Matt
había empezado a voltearse para ver el origen del grito, pero su propia confusión
lo hizo tropezarse y caer sobre un charco. Mientras el fuego se extendía por su
cuerpo, Matt aún no había llegado a entender la situación, y su mirada se hacía
más y más oscura… Por detrás, los pasos que lo habían seguido huían, corriendo.
“Todo está bien,”
pensó Matt. “Todo está bien.”
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