sábado, 18 de marzo de 2017

9



Los problemas con Ion se resolvieron cordialmente. Fui capaz de calmarlo de un boreano a otro. Luego de eso, Sonrisas nos permitió unos días de calma. Los negocios fluyen con normalidad. Pero ese es parte del problema. ¿Cuáles son sus negocios? Sonrisas nos ha enviado en trabajos dispares entre sí. Cobrar deudas. Vender armas. Ejecutar. ¿Cuál es su negocio principal? No logro ver a donde apunta todo. Quizá ustedes puedan unir los puntos mejor que nosotros. Fin del reporte.”
Matt guardó el archivo y apagó su computadora. De nuevo, se había asegurado de usar una maquina publica, que no pudiese registrar su acceso. Pero era imposible estar seguro de que fuese un método confiable. Sonrisas parecía tener un alcance sin límites; contactos en todos los rincones. Era imposible saber que tanto controlaba a sus empleados, que tanto revisaba sus accesos a un ordenador.
Basta, se dijo Matt. Basta de esta paranoia. “No sabes. Simplemente no sabes que tan a salvo estás.” El boreano se palmeo la cara, pero ni siquiera lo sintió. Suspiró. Había tantas cosas que no sabía… Su compañero, Polo, no tenía memoria de su pasado, pero a veces Matt sentía que él era quien estaba verdaderamente perdido.
Se había movido hasta un banco en la calle, donde creyó que podía gastar un rato viendo a la gente pasar. Sin embargo, en esa ciudad había tanta población que no podía verse más que un sinfín de autos navegando uno sobre otro. Centró su vista en nada en particular, dejando que su mente vagara sin dirección. Necesitaba una guía. Algo a lo que aferrarse. Por ahora, el Capitán Ducrey era la última garantía que le quedaba. Aunque Polo creyese que juntar toda su investigación en un solo lugar fuese riesgoso…
—Él no entiende —susurró Matt—. Nadie entiende.
Se tomó la cabeza con las manos. Su cuerpo se sentía más pesado… Estaba transpirando.
¿Cómo podría entender Polo? Él lo había matado… Al familiar de Donning. Matt no había podido dejar de pensar en él desde aquel día. La manera en que toda la gente de la calle había reaccionado… La botella que habían tirado en su cara…
—Carajo. Necesito un trago.

“Carajo”, pensó Polo. “¿Ahora qué?”
No era normal que lo citaran al edificio sin su compañero. Solo solían llamarlos para darles trabajos, y siempre se los daban a ambos…
Mientras pasaba a la oficina, Polo no lograba quitarse la sensación de que algo andaba mal.
—Por favor —dijo una voz—, tomá asiento.  
—¿Eh? —Polo levantó la cabeza, saliendo de sus pensamientos. Frente a él se encontraba una mujer de piel violácea.
—Que tomes asiento.     
—Ah, sí…
Mientras hacía caso, la mujer le sonrió.
—Perdón —dijo Polo, algo confundido—, ¿Rima va a entrar pronto?
—Oh, hoy no estas para verlo a Rima —dijo la mujer. Polo notó que su cuerpo no estaba mal dotado, y sonrió.
—Ah, ¿sí?
—Hoy estás para verme a mí… Me dicen Vibra. —Tras decir eso, la mujer se sentó sobre la mesa en frente de Polo, extendiendo su cuerpo ante él.
—¿Vibra? —Polo perdió su sonrisa. Había escuchado ese nombre antes… Entre charlas de bar. ¿Cómo era…? Un agente de Sonrisas del que todos hablaban… Estar en ese cuarto podía ser peligroso. Su cuerpo empezó a tensarse, pero de pronto ese sentimiento desapareció, reemplazado por otra cosa. Algo mucho más fuerte.
“Cielos”, pensó Polo, mientras se esforzaba por recordar. “Que buena que está…”
—¿Sabes, Polo? Era muy importante que vinieras… —empezó a decir Vibra—. Te esperaba con mucha ilusión.
—¿E-En serio? —Polo se revolvió en su asiento, sintiendo que la temperatura aumentaba cada vez más. La mirada de esa mujer era… penetrante.
—Sí. Veras, apareció algo extraño en los registros hace poco… En los registros de Sonrisas. Y el señor creyó que ustedes merecían el beneficio de la duda, teníamos que preguntarles antes de sacar conclusiones.
Polo tuvo un escalofrió, y mil pensamientos cruzaron su mente. ¿Acaso se habían equivocado en algo? ¿Habían revelado para quien trabajan? ¿Acaso era su final?
Pero el impacto le permitió concentrarse por un segundo, y entonces pudo recordar. Vibra: La Tyrhileana que trabajaba para Sonrisas. La que emitía feromonas con su presencia… La que excitaba a la gente hasta lograr hacerlos hablar.
Conque así estaban las cosas, ¿eh? Sonrisas les había mandado una interrogadora. Realmente la habían cagado.
—¿A…? —Polo tragó saliva—. ¿A qué te réferis? —su mirada era fría, su postura era recta. Polo no había olvidado su entrenamiento.
—Bueno, parece que tu compañero estuvo haciendo muchos accesos a computadoras alrededor de la ciudad… y cada vez que se retira deja todo guardado en un mismo archivo.
Mientras hablaba, mientras de su boca salían palabras que podían significarlo todo para Polo, Vibra siempre mantenía su sonrisa, su mirada penetrante.
Polo estaba tieso. Petrificado. Y lo asaltó una ilusión: Se imaginó saltando sobre Vibra, derribándola y tomando su cuello con ambas manos… Y las feromonas seguían haciendo efecto, estimulándolo más y más… Y su agarre en el cuello se haría más duro, hasta que…
¡No!
No. Solo era una fantasía. Solo era la influencia de Vibra. Aún tenía que responderle.
—¿Reloj? ¿Estás ahí? —Vibra soltó una risita—. ¿Se te ocurre que puede tener este archivo de tu compañero? Lo que está haciendo parecen las acciones de alguien que no quiere que sus registros se guarden… alguien que tiene algo que ocultar… Pero todos los que trabajamos para Sonrisas acordamos decirle la verdad, ¿no?
Polo recordó la mejor forma de mentir: diciendo la verdad.
—No sé… No sé lo que tendrá ese archivo. Esto tambien es una novedad para mí.

Mientras tanto, Matt se esforzaba por volver a casa. Sus pasos eran vagos, tentativos, difusos entre todo el alcohol en su organismo. Pero la oscuridad en su vista era oscuridad en su mente, y eso lo alejaba de sus dudas, su dolor. Todo estaba bien.
Matt no dejaba de repetirse eso mientras andaba, pasando por un callejón para llegar a casa. De haber hecho silencio en su cabeza, quizá hubiese escuchado los pasos que lo seguían por detrás. Cuando Matt entró al callejón, los pasos dejaron de molestarse en ocultarse, y un grito resonó por el aire.
—¡Esto es por Donning!
Una botella voló por el aire, estrellándose en la cabeza del boreano. La botella explotó en un remolino de fuego, y la chaqueta de Matt tambien se incendió. A todo esto, Matt había empezado a voltearse para ver el origen del grito, pero su propia confusión lo hizo tropezarse y caer sobre un charco. Mientras el fuego se extendía por su cuerpo, Matt aún no había llegado a entender la situación, y su mirada se hacía más y más oscura… Por detrás, los pasos que lo habían seguido huían, corriendo.
“Todo está bien,” pensó Matt. “Todo está bien.”

domingo, 29 de mayo de 2016

8


—¿Sabías que el socio del Trueno era un boreano?— preguntó Polo, con los ojos cansados.
—Eh… —balbuceó Matt—. No, ¿hubiera cambiado algo?
—No —dijo Polo, exhalando una enorme cantidad de aire—… supongo que no.
Matt miró al Reloj con una expresión severa y sobria. Polo le devolvió la mirada y entendió que podía confiar en él de nuevo.
—La fábrica o la morgue. ¿Dónde vamos? —quiso saber Polo.
—Que Ion se fue a la morgue de la Dinastía es seguro, pero no sé qué carajo deberíamos hacer nosotros.
—El problema es el cuerpo del Trueno, podríamos borrarlo de la ecuación —Polo pensó en voz alta.
—O quizás deberíamos sacarle relevancia a lo que pueda hacer el boreano aquel. Dudo que pueda hacerse con el cadáver así como así.
—¿No escuchaste como bufaba? Estaba decidido a cualquier cosa.
Una llovizna imperceptible empezó a rociar sus hombros, y las calles se llenaron del olor del asfalto mojado.
—No me confío de lo que alguien pueda hacer por como respira. Creo que la Dinastía lo va a cagar a tiros —dijo Matt.
—Sí, es una posibilidad. Pero no quiero que cada lugar que pisen nuestros compañeros se convierta en sus tumbas debido a «negligencia espontanea». Vamos a terminar dejando un rastro de sangre demasiado evidente.
—No veo el problema; no seas tan dramático. A Ritmo le chupa un huevo lo que le pase a Ion.
—Sí —Polo volvió a asentir—. Pero el cornudo de Antena me pone la piel de gallina. Ese tipo a la primera sospecha se va a meter adentro de nuestras cabezas y nos va a sacar la ficha enseguida.
—Le caemos bien… y no creo que pueda sacar nuestro pasado con solo meterse adentro nuestro —dijo Matt, en tono sobrador.
—Tal cual. Seguro que si le pagamos un trago a un dirigente de la organización mafiosa más grande del planeta nos perdona el hecho de que seamos agentes encubiertos —le dijo Polo sin mirarlo.
—Vos siempre llevando los casos al extremo, la re putísima madre. ¿Qué sugerís? —preguntó el boreano, llevando sus manos a la cadera, una pose que los dos siempre hacían cuando tenía que pensar o estaban estresados.
—Ahora mismo… supongo que las patrullas están dentro del edificio recogiendo los cuerpos.
—¿Están adentro? —preguntó Matt, interrumpiéndolo.
—Sí, estoy seguro que entraron al edificio. Quizás hasta el mismo Donning llamó a la Dinastía buscando protección. Estaban demasiado cerca de la fábrica para ser una coincidencia.
El Ladrillo asintió sin estar del todo convencido. Tenía sentido, pero Polo tenía más corazonadas que otra cosa.
—El modus operandi con un cadáver: revisarlo, sacarle toda la información posible y quemarlo en las veinticuatro horas siguientes —dijo Polo.
—Si ese Donning es importante imagino que se van a quedar con el cuerpo más tiempo —dijo Matt.
—En teoría. Pero el problema es el cuerpo del Trueno. Por suerte, mañana lo van a estar incinerando en las afueras de la ciudad y nuestros problemas van a desaparecer. —El humano sacudió la cabeza, permitiéndose creer que aquel día apuntaba a terminar.
—Cambio de rumbo, entonces —dijo Matt—. La evidencia se va a borrar sola. Nuestro problema es Ion.
—Necesitamos frenarlo… o algo así.
Ambos caminaban en dirección a la parada de taxis más cercana. Después de un pequeño silencio, Matt se dio vuelta y comenzó a correr en dirección contraria. Polo giró la cabeza, boquiabierto.
—Anda a la morgue y esperame ahí —gritó el boreano desde lo lejos. El humano levantó las manos sin entender qué estaba pasando.
Polo el Reloj se refregó los ojos con fuerza antes de seguir, y cargó su pistola. Caminó dos cuadras con un paso mucho más apurado y se metió en un taxi. La morgue no estaba lejos.
La escena no era demasiado distinta a cómo Polo la había imaginado; la morgue en la madrugada era un desierto e Ion iba a poder hacerse con el cadáver y lo que carajo quisiera sin esforzarse demasiado. Eran las cinco y cuarto y todavía el sol ni amagaba a salir.
La quietud del lugar y el hecho de que las puertas de vidrio todavía estaban enteras eran motivo suficiente para creer que Ion todavía no había llegado.
Había un pequeño callejón frente a la morgue, ideal para hacer tiempo. Polo no tenía idea de qué había ido a hacer Matt, pero notó que estaba dependiendo de él. No tenía un plan más que esperar y ver.
Polo relajó su cabeza por primera vez en la noche y respiró el aire de la madrugada. Creía poder sentir pequeñas partículas de hielo en la llovizna; hacía mucho frío a esa hora. Minuto a minuto la temperatura bajaba y veía como su aliento se convertía en una niebla blanca. Apretó las manos deseando tener otro cigarro, y esperó. Esperó a que la suerte echara las cartas.
Los sonidos de los otros tres protagonistas de la escena llegaron al lugar casi en simultáneo.
 Desde la izquierda: Ion con sus pasos lentos y pesados, cargando con un rifle tan grande como su torso. Desde la derecha: el Ladrillo trotando con un frasco de cristal en una mano y una jeringa en la otra. Desde arriba: los vehículos mortuorios empezaban a descender en el playón de estacionamiento de la morgue.
La acción no se hizo esperar. Ion abrió fuego contra las naves de la Dinastía, sin escrúpulos. Las balas del pesado rifle desintegraban el chasis de los vehículos, haciendo casi imposible maniobrar como correspondía. Mientras tanto, Polo agarró a Matt por el brazo y lo metió adentro del callejón.
 Dos de las naves lograron aterrizar, produciendo un horrible chirrido de metal derrapando en el asfalto. La tercera nave perdió el rumbo y cayó de costado, chocando contra el edificio y desplomándose a solo unos metros del dúo.
Polo miró lo que Matt llevaba y se ahorró las preguntas. El boreano agarró la jeringa y la llenó con el líquido blanco. Sacó la cabeza del callejón para ver a Ion llenando su cargador, justo antes de que los hombres de la Dinastía contraataquen.
Matt le explico a Polo lo que tenía que hacer con pocas palabras. El humano asintió y tomó la jeringa llena. Empezó a correr a toda pastilla rodeando la manzana para tomar la espalda de Ion. Matt desenfundó la pistola y esperó a actuar en el momento adecuado.
La llovizna se había convertido en una lluvia mucho más pesada. Polo llegó a la retaguardia de Ion, quién estaba ocupado baleando la nave que había caído no muy lejos de él. Dos agentes de la Dinastía ya habían abierto el fuego contra el boreano que ignoraba totalmente los balazos que recibía. Los mismos guardias de la morgue salieron a defenderse, pero uno por uno eran destrozados por el rifle y la inmaculada puntería de Ion.
El humano respiraba lentamente, esperando el momento justo donde la balacera parara y pudiera clavara la jeringa en Ion. Vio el momento indicado cuándo las puertas de vidrio se desplomaron, creando una orquesta de cristales explotándose por el contacto con el suelo.
Ion era tan alto que Polo tuvo que saltar para llegar a la altura indicada. Polo que tenía que ir y clavarle la jeringa detrás de alguna articulación importante, como las rodillas y axilas, dónde la piel era mucho más débil. En la misma fracción de segundo que saltó, el boreano reconoció el ruido de los pasos por sobre la lluvia, los tiros y los gritos. Pero su cuerpo no reaccionó lo suficientemente rápido, solo llegando a girar su cadera y apretar el gatillo como acto reflejo.
Polo se aferró al brazo de Ion que sostenía su arma, y se aferró con el brazo robótico. Aprovechando la sorpresa del boreano, clavó la jeringa en su axila y la vació en un abrir y cerrar de ojos. Al mismo tiempo, dos agentes quisieron tomar ventaja para disparar, pero los dedos de Matt fueron más rápidos. Sus cuatros tiros dieron en el blanco. De momento no quedaba nadie más, pero por el rabillo del ojo pudo ver como parecían venir sirenas azules de todos lados.
Ion soltó un extraño bufido al sentir el pinchazo y el líquido entrando en sus venas. Terminó de girar su cuerpo, pero Polo estaba listo. No había terminado de girar cuando la prótesis del humano ya había hecho contacto con su barbilla. Polo juró haber escuchado un hueso crujir, y el boreano cayó. Matt apareció desde el callejón y pateó el rifle a un costado.
—Agarralo de los pies y vamos para allá —dijo, moviendo la cabeza hacia atrás—. Dejé un taxi esperando.
Polo levantó las cejas, sin entender nada.
—La anestesia actúa en diez segundos, o todavía más rápido con esa piña que le pusiste. Está totalmente ido.
El dúo levantó el peso muerto de Ion y alzaron la cabeza para ver la tormenta de luces azules que se avecinaba. Lograron llevarse el cuerpo con rapidez, dentro de lo que cabía esperar.
—Mira lo que viene a pesar este hijo de mil puta —gruñó Polo, exhausto, antes de dar el último empujón para que Ion entrara en el taxi.
Tan pronto como Matt cerró la puerta, las luces de los coches de la Dinastía se condensaron en la morgue. Habían sido lo suficientemente rápidos como para alcanzar la sangre antes de que coagulase, pero no para agarrar a los responsables.
Subidos los tres en el auto, Polo respiró profundamente cuando el taxi tomó altura y se alejó de la escena. Matt tenía pinta de haber terminado disfrutando la noche, saboreando la impunidad que habían logrado.
Matt se ofreció a llevar a Ion a su casa, prefiriendo evitar una discusión con Polo acerca de lo improvisado que había sido su plan. Si la anestesia funcionaba bien, el tipo iba a dormir treinta y seis horas corrido.
—Voy a fumar hasta quedarme dormido, fue demasiada tensión para una noche —soltó Polo, dos cuadras antes de llegar a su casa.
—Normalmente te diría que dejes esa mierda —dijo Matt, empezando a dibujar una sonrisa—. Pero no puedo sacarme de la cabeza la trompada que le pusiste a este tipo. Hasta el sonido fue perfecto.
Polo sonrío al saber que aquél sonido había sido real.
—Fue lo que se merecía. Espero que no esté demasiado molesto cuando se despierte —dijo Polo.
Matt sacudió la cabeza y dejó al humano fumar sin preocupaciones.




7



Mientras Matt sacaba fotos de los cadáveres, Polo miraba a su compañero para asegurarse que no llamara para presentar un informe. A Matt no se le daban bien las mentiras. Polo tomó el comunicador de su bolsillo, pero decidió esperar a salir de la fábrica.
La presencia de la Dinastía todavía preocupaba a Polo. Lo peor no era la sangre que habían derramado en el departamento del shaler, ni el asesinato de Donning; lo peor era más bien las incandescentes luces azules de la patrullas. Estaban ahí de vuelta, merodeando en los alrededores. El frío aire de la madrugada despertó la piel de Polo, sacándolo de su cavilación.
—¿Tenes algo en mente? —preguntó Matt, en la última etapa de su resaca.
—No, nada. Quizás si no fueras adicto a lamer el fondo de los vasos seríamos dos cabezas pensando —gruñó Polo, buscando algún cigarro perdido en su campera.
—No entremos en eso —suspiró Matt, sacudiendo la cabeza—. Ahora no.
El humano también suspiró.
—La reputísima madre —insultó Polo. Llevó una mano a su rostro y otra a su cadera. Las luces azules rebotaban ahora en sus pupilas; en algún lugar de su cabeza, un puñado de neuronas habían encontrado algo muy parecido a una coartada—. Voy a llamar a Antena —dijo, un poco más confiado. Tomó el comunicador y buscó en sus contactos. La pantalla se puso en negro mientras Polo esperaba la respuesta de su superior.
—Reloj —saludó Antena, en un tono tan seco que el humano pensó que ya sabía todo lo que había pasado. La videollamada permitía que se vieran los rostros, así que Polo no podía dudar.
—Antena —dijo Polo, sin titubeos—. Donning no va a volver a respirar. —Su jefe soltó una pequeña risa, aunque se esfumó enseguida—. Pero no fue todo color de rosa. La Dinastía intervino y confirmamos la baja del Trueno. —Al comunicarle esto a Antena, Polo se tapó la cara—. Estamos sin transporte y con las patrullas en nuestros talones.
Mientras Antena se quedaba en silencio, Polo empezó a caminar más rápido y señalaba y balbuceaba cosas a Matt, para dar la sensación de que estaban apurados. Las luces azules estaban cerca, pero desde que se le cruzó la idea de meter a la Dinastía en el medio para ensuciar la coartada, la noche empezaba a tener otro olor.
—Excelente trabajo, ustedes dos. Lo del Trueno era algo lamentablemente anticipado —suspiró Antena, y la pantalla se apagó. A Polo le dio la sensación de que lo del Trueno estaba tan previsto como lo de Donning.
Matt quiso decir algo, pero quedó con la boca abierta, señalando hacia adelante; expresión que a Polo se le hizo infinitamente idiota. El humano meneó la cabeza y caminó en la dirección que le señalaba su compañero.
—Creo que zafamos —aseguró Polo, con una pequeña sonrisa. Quería llegar a un taxi de una vez para dejar atrás a la Dinastía.
—Siempre tenes ideas para mentir —dijo Matt, con la mirada un poco consternada, empezando a tomar dimensión de las últimas horas.
—No sé cómo aprendí a mentir... quiero decir, no fue en esta vida. Es algo así como memoria muscular del pasado.
—De alguna manera, entiendo lo que decís —dijo Matt, abriendo la puerta izquierda del taxi y dejando pasar al humano. Marcada la dirección en la computadora, el boreano se relajó, pegando su espalda al respaldo y respirando con los ojos cerrados. Luego de unos largos segundos de silencio, pegó su cara al vidrio de la ventana. Vio las luces de la dinastía desde lo alto y compartió la inquietud que le habían generado a Polo.
La misión había sido menos que estándar, aunque Polo había salvado un poco de cara, y esperaba que las fotos que había tomado de los cuerpos fueran suficientes para que su jefe no indagara en el caso.
La Dinastía les venía bien para cubrir las cosas; sus fuerzas eran una especie de policía mafiosa en la ciudad. Matt había escuchado una buena definición de un par de superiores en la base. La Dinastía tenía el monopolio en generar la sensación de protección contra la inseguridad, pero no hacían absolutamente nada para que esta se termine. Pero sí, tenían un armamento increíble y su fama de gatillo fácil solucionaba problemas en segundos donde AECU caía en un terreno legal turbio.
La Dinastía les había venido bien. Ahora Matt tenía mayor libertad para informar sobre las actividades que cometían.
Mirando meditar a su compañero en el taxi, Polo dio por sobre entendido que debía protegerse mejor el culo. Matt El Ladrillo anhelaba cosas distintas a él. Mientras empañaba el vidrio con su aliento, Matt se convencía cada vez más de que el humano no debía saber nada de la información que enviaba a AECU.
La base estaba ubicada en pleno centro de la ciudad; un rascacielos, camuflado como oficinas que trabajaban todo el día. Toda la mitad superior era de Sonrisas. Era un largo viaje hasta los pisos de la organización, por lo que había atajos en la planta baja.
El humano había repasado todos los detalles durante los diez minutos del viaje. Los otros diez se los pasó pensando en podría fumar hasta dormirse. Necesitaba un par de caladas, aunque tuviera que armar tabaco hasta que su prótesis explotara.
El primer pasillo a la izquierda, la puerta de madera con el vidrio opaco. V6, decían las letras amarillas pegadas ahí.
La oficina se encontraba vacía, aunque el olor a café recién hecho rebalsaba el lugar. Una taza marrón humeante descansaba sobre el primer escritorio. Polo uso la mano que todavía le era humana para indicarle la impresora a Matt.
Un silencio sepulcral se había asentado entre los dos desde el taxi. Ahora, este sólo era interrumpido por la tinta deslizándose en el papel de la impresora mientras Matt imprimía las fotos que habían tomado. Reloj se sentó frente al escritorio y tomó el atrevimiento de robar un sorbo de la taza. El boreano se giró hacía él.
—Odio el café —dijo Matt.
—Sí, prefiero mi tabaco —respondió Polo, dejando la taza de café—. Hey, ¿qué me ibas diciendo antes de subir al taxi?
—¿Eh? —dijo Matt, concentrado en la impresora.
—Cuando hablábamos de mi memoria muscular.
—Ah, sí —asintió Matt—. No puedo poner una fecha puntual como en tu caso, pero me encuentro con destellos similares. Son cómo cosas que no encajan. Como si no encajaran conmigo. Claro que no son cosas como mentir, no tanto con las habilidades, yo solo puedo recibir balazos. —Matt terminó con una pequeña risa.
—¿Estas bien? Es la primera vez que hablas más de cuatro sílabas —bromeó Polo.
—Sí, estoy bien. Son los milagros del alcohol —dijo El Ladrillo, terminando con las fotos y guardándolas en un sobre de papel madera.
La espera no se prolongó mucho más. Un humano entró en la oficina con la cabeza baja, clavada en la taza de café. No estaba esperando visitas.
—¿Reloj? —preguntó, con un tono dramáticamente sorprendido—. Y el Ladrillo, ¿no?
Ambos asintieron lentamente y estrecharon manos con el visitante, una vez aclaró que venía en nombre de Antena. El enviado hablaba con calidez y carisma, cualidades única dentro de esas oficinas. Ritmo vestía de manera elegante, haciendo juego con su habla. Sin esperar más palabrería, Matt le alcanzó el sobre con las fotos.
—Creo que todo lo que necesitas está acá —dijo el Ladrillo, queriendo terminar el día de una puta vez.
—No, tienen que pasar a aquella oficina —dijo Ritmo. Tomó un sorbo de café y señalo con la cabeza detrás de él—. Hoy en día las fotos no son más que una formalidad. —A Matt se le heló la sangre.
—Por supuesto —dijo Polo—. No podemos dejar la muerte de un compañero así —Apelaba a su simpatía; entre humanos se solían crear vínculos de confianza casi de inmediato. Aunque el Reloj nunca había entendido por qué era así. Para él, todos compartían las mismas características: respiraban hasta que un día dejaban de hacerlo.
Ritmo los guió hasta uno de los despachos más alejados de la planta baja. La puerta ya estaba abierta y las luces encendidas. Sobre un escritorio había un desastre de hojas, pero su superior no se disculpó por el desorden; solo corrió todas las hojas con el antebrazo. Ritmo los invitó a tomar asiento, y el boreano aceptó pero el humano prefirió quedarse parado. Polo sabía que era más fácil que te descubrieran mintiendo si estabas sentado.
Mientras Ritmo abría el sobre y lo volcaba en la mesa, Polo le preguntó si tenía un cigarro. Ritmo sacudió la cabeza, imitando la cara de Matt al referirse al café.
—Fue un baño de sangre, eh… —dijo Ritmo, levantando las cejas mientras miraba las fotos.
—Sí, prácticamente fuimos espectadores —dijo Polo—. El trueno mató a todos los hombres de Donning, hasta que este se atrinchero en un despacho y mató al Trueno.
—¿Por qué no lo ayudaron?
—No fue posible. Estaba trabajando solo. Seguramente por todo ese complejo de los shaler y ese cliché.
—Ah, sí. Lo de siempre… los shaler me tienen los huevos al plato.
—No tomamos créditos de nada, salvo el tiro que le pusimos a Donning.
Un portazo los sacó de contexto a los tres. Otro boreano apareció en la escena y se hizo camino hasta el escritorio.
—¿Dónde está mi socio? —dijo el boreano, golpeando sus pesadas manos contra la mesa. Su superior hizo girar las fotos para mostrárselas.
—Ahí —dijo Ritmo, frio. El boreano bufó enfurecido.
—¿El cuerpo?¿Dónde está el cuerpo?
Ritmo levantó los ojos hacia Polo. El Reloj no movió ni un músculo de su cara.
—Lo que tu socio hizo fue como un suicidio. El cuerpo debería estar en poder de la Dinastía ahora mismo.
—¿Cómo? —gritó el boreano, golpeando la pared, poniéndose a centímetros de Polo—. ¿Cómo llego La Dinastía ahí?
—¡Ion! Calma —exclamó Ritmo, perdiendo la calma. —Ion era muy parecido a Matt, pero su cuerpo robusto estaba cubierto por manchas de un negro opaco.
Polo intentó encontrar alguna buena excusa para mantener la coartada, pero su lengua estaba trabada. Entonces Matt decidió hablar.
—Un tipo sopló sobre un familiar de Donning. Lo visitamos y nos dijo donde estaba su pariente, pero tuvimos que ponerle un tiro en la cabeza —Matt se puso de pie—. Despues de eso apareció la Dinastía.
—Después del tiroteo estaban demasiado cerca de la fábrica —continuó Polo—. No había manera de arrastrar un cuerpo hasta la base.
El boreano Ion se alejó de Polo y volvió a bufar. El bufido se acercaba más al motor de una nave espacial que a los pulmones de un ser vivo. Preguntó por la ubicación de la morgue de La Dinastía y Ritmo contestó rápidamente. La escena se calmó cuando Ion dejó la oficina, dando pasos que hacían sentir sus doscientos kilogramos.
—Cómo me gustaría sacarle los ojos —dijo el superior, dándole un sorbo a su taza. Polo y Matt se quedaron callados. Ritmo acomodó las fotos en el sobre y se puso de pie—. Ustedes dos, váyanse. No veo razón de tenerlos acá por la negligencia del shaler.
Ambos asintieron con la cabeza.
—A propósito, ¿quién tomó las fotografías? Tienen muy buenos ángulos. —dijo Ritmo, sentándose y volviendo a tomar del café.
Afuera, la madrugada parecía no morir jamás. Junto con ella, el frío no hacía más que ganar terreno. Los dos compañeros cruzaron miradas preocupadas al salir de la base.
Ion parecía capaz de ir hasta la morgue para encontrar el cuerpo de su socio muerto. Socio qué tenía una bala del calibre de la pistola de Polo en su entrecejo. Cualquier detalle que se agregara podía poner en jaque la coartada del dúo, la coartada sobre su pasado y sus cuellos.