—¿Sabías que
el socio del Trueno era un boreano?— preguntó Polo, con los ojos cansados.
—Eh… —balbuceó
Matt—. No, ¿hubiera cambiado algo?
—No —dijo Polo,
exhalando una enorme cantidad de aire—… supongo que no.
Matt miró al
Reloj con una expresión severa y sobria. Polo le devolvió la mirada y entendió
que podía confiar en él de nuevo.
—La fábrica o
la morgue. ¿Dónde vamos? —quiso saber Polo.
—Que Ion se
fue a la morgue de la Dinastía es seguro, pero no sé qué carajo deberíamos
hacer nosotros.
—El problema
es el cuerpo del Trueno, podríamos borrarlo de la ecuación —Polo pensó en voz alta.
—O quizás
deberíamos sacarle relevancia a lo que pueda hacer el boreano aquel. Dudo que
pueda hacerse con el cadáver así como así.
—¿No
escuchaste como bufaba? Estaba decidido a cualquier cosa.
Una llovizna imperceptible
empezó a rociar sus hombros, y las calles se llenaron del olor del asfalto mojado.
—No me confío
de lo que alguien pueda hacer por como respira. Creo que la Dinastía lo va a
cagar a tiros —dijo Matt.
—Sí, es una
posibilidad. Pero no quiero que cada lugar que pisen nuestros compañeros se convierta
en sus tumbas debido a «negligencia espontanea». Vamos a terminar dejando un
rastro de sangre demasiado evidente.
—No veo el
problema; no seas tan dramático. A Ritmo le chupa un huevo lo que le pase a
Ion.
—Sí —Polo
volvió a asentir—. Pero el cornudo de Antena me pone la piel de gallina. Ese
tipo a la primera sospecha se va a meter adentro de nuestras cabezas y nos va a
sacar la ficha enseguida.
—Le caemos
bien… y no creo que pueda sacar nuestro pasado con solo meterse adentro nuestro
—dijo Matt, en tono sobrador.
—Tal cual. Seguro
que si le pagamos un trago a un dirigente de la organización mafiosa más grande
del planeta nos perdona el hecho de que seamos agentes encubiertos —le dijo
Polo sin mirarlo.
—Vos siempre
llevando los casos al extremo, la re putísima madre. ¿Qué sugerís? —preguntó el
boreano, llevando sus manos a la cadera, una pose que los dos siempre hacían
cuando tenía que pensar o estaban estresados.
—Ahora mismo…
supongo que las patrullas están dentro del edificio recogiendo los cuerpos.
—¿Están
adentro? —preguntó Matt, interrumpiéndolo.
—Sí, estoy
seguro que entraron al edificio. Quizás hasta el mismo Donning llamó a la
Dinastía buscando protección. Estaban demasiado cerca de la fábrica para ser
una coincidencia.
El Ladrillo
asintió sin estar del todo convencido. Tenía sentido, pero Polo tenía más
corazonadas que otra cosa.
—El modus
operandi con un cadáver: revisarlo, sacarle toda la información posible y quemarlo
en las veinticuatro horas siguientes —dijo Polo.
—Si ese
Donning es importante imagino que se van a quedar con el cuerpo más tiempo —dijo
Matt.
—En teoría.
Pero el problema es el cuerpo del Trueno. Por suerte, mañana lo van a estar
incinerando en las afueras de la ciudad y nuestros problemas van a desaparecer.
—El humano sacudió la cabeza, permitiéndose creer que aquel día apuntaba a terminar.
—Cambio de
rumbo, entonces —dijo Matt—. La evidencia se va a borrar sola. Nuestro problema
es Ion.
—Necesitamos
frenarlo… o algo así.
Ambos
caminaban en dirección a la parada de taxis más cercana. Después de un pequeño
silencio, Matt se dio vuelta y comenzó a correr en dirección contraria. Polo
giró la cabeza, boquiabierto.
—Anda a la
morgue y esperame ahí —gritó el boreano desde lo lejos. El humano levantó las manos
sin entender qué estaba pasando.
Polo el Reloj
se refregó los ojos con fuerza antes de seguir, y cargó su pistola. Caminó dos
cuadras con un paso mucho más apurado y se metió en un taxi. La morgue no
estaba lejos.
La escena no
era demasiado distinta a cómo Polo la había imaginado; la morgue en la madrugada
era un desierto e Ion iba a poder hacerse con el cadáver y lo que carajo
quisiera sin esforzarse demasiado. Eran las cinco y cuarto y todavía el sol ni
amagaba a salir.
La quietud del
lugar y el hecho de que las puertas de vidrio todavía estaban enteras eran motivo
suficiente para creer que Ion todavía no había llegado.
Había un
pequeño callejón frente a la morgue, ideal para hacer tiempo. Polo no tenía
idea de qué había ido a hacer Matt, pero notó que estaba dependiendo de él. No tenía
un plan más que esperar y ver.
Polo relajó su
cabeza por primera vez en la noche y respiró el aire de la madrugada. Creía
poder sentir pequeñas partículas de hielo en la llovizna; hacía mucho frío a
esa hora. Minuto a minuto la temperatura bajaba y veía como su aliento se convertía
en una niebla blanca. Apretó las manos deseando tener otro cigarro, y esperó. Esperó
a que la suerte echara las cartas.
Los sonidos de
los otros tres protagonistas de la escena llegaron al lugar casi en simultáneo.
Desde la izquierda: Ion con sus pasos lentos y
pesados, cargando con un rifle tan grande como su torso. Desde la derecha: el
Ladrillo trotando con un frasco de cristal en una mano y una jeringa en la
otra. Desde arriba: los vehículos mortuorios empezaban a descender en el playón
de estacionamiento de la morgue.
La acción no
se hizo esperar. Ion abrió fuego contra las naves de la Dinastía, sin escrúpulos.
Las balas del pesado rifle desintegraban el chasis de los vehículos, haciendo
casi imposible maniobrar como correspondía. Mientras tanto, Polo agarró a Matt
por el brazo y lo metió adentro del callejón.
Dos de las naves lograron aterrizar, produciendo
un horrible chirrido de metal derrapando en el asfalto. La tercera nave perdió
el rumbo y cayó de costado, chocando contra el edificio y desplomándose a solo
unos metros del dúo.
Polo miró lo
que Matt llevaba y se ahorró las preguntas. El boreano agarró la jeringa y la
llenó con el líquido blanco. Sacó la cabeza del callejón para ver a Ion
llenando su cargador, justo antes de que los hombres de la Dinastía
contraataquen.
Matt le
explico a Polo lo que tenía que hacer con pocas palabras. El humano asintió y
tomó la jeringa llena. Empezó a correr a toda pastilla rodeando la manzana para
tomar la espalda de Ion. Matt desenfundó la pistola y esperó a actuar en el
momento adecuado.
La llovizna se
había convertido en una lluvia mucho más pesada. Polo llegó a la retaguardia de
Ion, quién estaba ocupado baleando la nave que había caído no muy lejos de él.
Dos agentes de la Dinastía ya habían abierto el fuego contra el boreano que
ignoraba totalmente los balazos que recibía. Los mismos guardias de la morgue
salieron a defenderse, pero uno por uno eran destrozados por el rifle y la
inmaculada puntería de Ion.
El humano
respiraba lentamente, esperando el momento justo donde la balacera parara y pudiera
clavara la jeringa en Ion. Vio el momento indicado cuándo las puertas de vidrio
se desplomaron, creando una orquesta de cristales explotándose por el contacto
con el suelo.
Ion era tan
alto que Polo tuvo que saltar para llegar a la altura indicada. Polo que tenía
que ir y clavarle la jeringa detrás de alguna articulación importante, como las
rodillas y axilas, dónde la piel era mucho más débil. En la misma fracción de
segundo que saltó, el boreano reconoció el ruido de los pasos por sobre la
lluvia, los tiros y los gritos. Pero su cuerpo no reaccionó lo suficientemente
rápido, solo llegando a girar su cadera y apretar el gatillo como acto reflejo.
Polo se aferró
al brazo de Ion que sostenía su arma, y se aferró con el brazo robótico.
Aprovechando la sorpresa del boreano, clavó la jeringa en su axila y la vació
en un abrir y cerrar de ojos. Al mismo tiempo, dos agentes quisieron tomar
ventaja para disparar, pero los dedos de Matt fueron más rápidos. Sus cuatros
tiros dieron en el blanco. De momento no quedaba nadie más, pero por el rabillo
del ojo pudo ver como parecían venir sirenas azules de todos lados.
Ion soltó un
extraño bufido al sentir el pinchazo y el líquido entrando en sus venas.
Terminó de girar su cuerpo, pero Polo estaba listo. No había terminado de girar
cuando la prótesis del humano ya había hecho contacto con su barbilla. Polo
juró haber escuchado un hueso crujir, y el boreano cayó. Matt apareció desde el
callejón y pateó el rifle a un costado.
—Agarralo de
los pies y vamos para allá —dijo, moviendo la cabeza hacia atrás—. Dejé un taxi
esperando.
Polo levantó
las cejas, sin entender nada.
—La anestesia
actúa en diez segundos, o todavía más rápido con esa piña que le pusiste. Está
totalmente ido.
El dúo levantó
el peso muerto de Ion y alzaron la cabeza para ver la tormenta de luces azules
que se avecinaba. Lograron llevarse el cuerpo con rapidez, dentro de lo que cabía
esperar.
—Mira lo que
viene a pesar este hijo de mil puta —gruñó Polo, exhausto, antes de dar el último
empujón para que Ion entrara en el taxi.
Tan pronto
como Matt cerró la puerta, las luces de los coches de la Dinastía se
condensaron en la morgue. Habían sido lo suficientemente rápidos como para alcanzar
la sangre antes de que coagulase, pero no para agarrar a los responsables.
Subidos los
tres en el auto, Polo respiró profundamente cuando el taxi tomó altura y se
alejó de la escena. Matt tenía pinta de haber terminado disfrutando la noche, saboreando
la impunidad que habían logrado.
Matt se
ofreció a llevar a Ion a su casa, prefiriendo evitar una discusión con Polo
acerca de lo improvisado que había sido su plan. Si la anestesia funcionaba
bien, el tipo iba a dormir treinta y seis horas corrido.
—Voy a fumar
hasta quedarme dormido, fue demasiada tensión para una noche —soltó Polo, dos
cuadras antes de llegar a su casa.
—Normalmente
te diría que dejes esa mierda —dijo Matt, empezando a dibujar una sonrisa—. Pero
no puedo sacarme de la cabeza la trompada que le pusiste a este tipo. Hasta el
sonido fue perfecto.
Polo sonrío al
saber que aquél sonido había sido real.
—Fue lo que se
merecía. Espero que no esté demasiado molesto cuando se despierte —dijo Polo.
Matt sacudió la cabeza y
dejó al humano fumar sin preocupaciones.