jueves, 13 de agosto de 2015

4



Matt y Polo terminaban sus bebidas en el cuarto bar de la noche. Polo había pedido un trago con hielo, pero Matt había ordenado otro vaso puro; su biología no le permitía sentir nada con algo más suave. Vació el vaso y lo dejó sobre el mostrador; entonces pidió otro. Luego pidió dos más. Polo, que ya había sentido el aliento emborrachado de Matt cuando se habían encontrado, lo miraba con un pucho. Él no había pedido más que un trago. Sí pedían un vaso por cada bar al que visitaban, ya sería demasiado. Matt no parecía fijarse en eso. Pero Polo miraba sin decir nada, aspiró el cigarro y dejó que el humo saliera en la cara de Matt. El boreano se giró molesto, dejó el etanol y pagó la cuenta.
—Vamos. Hora de irnos —le dijo a Polo, y ambos salieron por la puerta de atrás.
Empezaron a caminar por el callejón, ya sin muchas ideas. Si ese Xion estaba escondiéndose, no iba a estar paseando por los bares por donde se lo conocía. Polo aspiró profundo y dejó salir otra nube de humo negro. Matt lo miro irritado.
—Pará con esa mierda —dijo.
—¿Qué mierda? —pregunto Polo.
—Esa —dijo Matt, y señaló hacía el pucho de Polo. El humano le levantó las cejas como si no pudiera creer el reclamo que estaba oyendo.
—¿Qué te molesta, gordo? Si a vos el humo no te hace nada.
—No sabes…
—No puede ser que te haga nada, vamos.
—¡No! ¡Ese humo de mierda va directo a tus pulmones! Mi piel no va a ayudarme contra eso —bramó Matt, sacudiendo el dedo frente a la cara de Polo—. Fumas en la calle, y hasta tenes que fumar adentro de los bares… Y dentro de tu casa…
El humano permaneció tranquilo, sobrio, y exhaló su humo sobre el dedo del boreano. Entonces Matt se hartó y le sacó el cigarrillo de una palmada.
Polo lo miró con los ojos bien abiertos. Movió su brazo derecho y le paró la mano a Matt. El boreano trató de zafarse, pero esa era la prótesis de Polo. Matt no se movió a ningún lado. Entonces Matt abrió los ojos.
—Ya sé cómo encontrar a Xion Donning.
Polo centró su atención, soltando a Matt, y ambos olvidaron la discusión en un instante.
—Su casa. Su residencia tiene que estar registrada —explico Matt—. Solamente tenemos que buscarlo en el registro por su nombre y tendría que soltar una dirección…
—Para —dijo Polo, que parecía estar considerándolo—. ¿Qué registro?
—¿Qué registro va a ser? —dijo Matt, encogiéndose de hombros.
—¿El de AECU?
—Es al que podríamos acceder.
—Estás loco —dijo Polo, sacudiendo la cabeza en negación—. Cada conexión queda registrada. Sonrisas se enteraría.
—Pero lo haríamos con nuestros nombres reales…
—Peor aún. Le estaríamos diciendo a Sonrisas quienes somos. Él sabría que lo hacemos nosotros —dijo Polo.
—¿Cómo? —pregunto Matt.
—Sonrisas sabría.
—¡Bien! —bufó Matt, levantando los brazos los al aire—. Entonces no hacemos un carajo. Perfecto.
Polo se metió una mano en un bolsillo, buscando más cigarrillos. No parecía encontrar nada, pero revolvía la mano de todas maneras.
—No, ¿no? —Siguió Matt—. Eso no suena como tan buena idea. Pues yo voy a hacerlo igual. Entramos por una cabina pública y listo.
Polo no respondió nada, cansado y con migraña. Levantó la mirada al cielo, pero no vio más que negrura. Debía ser la hora más oscura de la madrugada. Matt ya estaba alejándose por el restaurante, sin esperarlo. Polo se puso en marcha sin apuro alguno.
No les tomó mucho encontrar una cabina, a unas pocas cuadras. Matt accedió su nombre y entró al servidor de la AECU. Polo lo miraba con cara de pocos amigos. No entendés, pensaba Matt. No entendés que esto es importante. Vos le ibas a decir que no a la idea, yo sabía que le ibas a decir que no, porque ya ni consideras a Administración. Estoy seguro. Ya ni recordás que sos un policía… Si no entramos cada algún tiempo, cada un par de meses, ¿Cómo recordamos lo que somos…? ¿Cómo nos lo probamos a nosotros mismos, más que comprobando que nuestra contraseña sigue funcionando?
Busco el nombre de Xion Donning y encontró una dirección. No era de Xion Donning, pero el propietario también se apellidaba Donning. Ya era algo. Se la dictó a Polo una sola vez, y sabía que Polo la iba a recordar. Todo listo. Entonces se le ocurrió algo más. La idea le cruzó la mente por un segundo. Podía mandarle un mensaje al capitán. Podía abrir un archivo, y empezar a adjuntar los ficheros de los trabajos que habían estado haciendo para Sonrisas. No era algo que podría lograr en esos momentos, con Polo apurándolo. Quizá podía hacerlo a través de varios días. Ir adjuntando todo y ayudar al capitán a que uniera las piezas. Porque ellos estaban demasiado cerca para verlo. Demasiado cerca.
—¿Matt? —preguntó Polo.
 El boreano se giró hacía él. Estaba respirando por la boca y formaba pequeñas nubes blancas.
—Sí. Sí. Vámonos.
Caminó hasta estar junto a Polo, y se pusieron en marcha. La dirección no estaba muy lejos. Pero estaban adentrándose en el centro. Los edificios de departamentos se hacían más altos, las calles más anchas y vacías. Acortaron camino por un estacionamiento abandonado, y al doblar en la esquina ya pudieron ver la casa. Era chiquita, apretada entre las otras casas. Matt y Polo caminaron hasta la esquina y se miraron.
—Esta no era la casa de Xion, ¿no? —pregunto Polo.
—No. Está a nombre de un tal Yon. Quizá sea la casa de la familia… Entonces, ¿tocamos timbre?
—Tienen que haber notado que papi está pasando demasiadas horas en casa sin ir para un bar… —Comentó Polo.
—O sea que tienen que saber que anda metido en un lío —dijo Matt.
—O sea que podríamos asustarlos. —Polo dio un paso adelante—. La puerta es muy estrecha. Debe llevar a un pasillo antes de la casa.
—No la tiramos abajo, entonces. Tocamos timbre, será.
El boreano hizo sonar el timbre, y les respondieron en un instante.
¿Quién es?
Ninguno respondió. Dejaron que el hablante escuchara su silencio y el ruido de la calle, y que eso dijera suficiente. Matt y Polo escucharon su respiración agitada por el otro lado del micrófono, y pronto colgó.
Empezaron escuchar movimiento dentro de la casa; sonidos que parecían a cierta distancia. Polo había tenido razón; había un pasillo del otro lado de la puerta. Pronto aparecieron pasos, y un humano camino hacía ellos con paso apurado.
Llegó hasta la puerta, pero en vez de abrirles apoyó la cara contra ella.
—Por favor —dijo—. Por favor. Váyanse.
—¿Xion Donning? —preguntó Matt.
—No… Soy… Soy el tío, pero por favor… No está acá, acá solamente está mi familia, y no queremos…
—¿Dónde está? —pregunto Matt, conciso. Polo dejaba que el boreano hablara con calma.
—Eh… no sé. —Dijo el hombre del otro lado de la puerta, y solo por la pausa Matt supo que estaba mintiendo, como les habían enseñado en la academia.
—¿Dónde está?
—¿No pueden dejarnos en paz? ¿Por favor?
—No —dijo Matt, y el humano dejó de titubear.
Se escuchó un clic en la puerta, que se abrió en un movimiento. El humano esperaba del otro lado, pistola en mano. Matt se movió en frente de Polo, cubriéndolo, y recibió el tiro. Entonces irrumpió en la casa, estirando su mano y levantando al humano por los aires con la sacudida. El Ladrillo avanzó contra él, apretándolo contra la pared de piedra. El hombre cayó al suelo como un trapo viejo y dejó un hilo de sangre sobre él.
Ahora Polo también había entrado. El humano miraba a los asesinos con incredulidad, sin darse cuenta de lo que había pasado, sin poder entender que estuviera viéndolos delante de las paredes de su casa, las paredes que había visto tantas veces en su vida. Polo ni se gastaba en mirarlo. En cambio se fijaba en Matt; en lo que acababa de hacer. Ese Donning estaba casi muerto. No había estado mal.
—Entonces, ¿dónde está? —bramó Matt, agazapándose contra el hombre moribundo.
Este intento sacar algunas palabras de su boca, lo intentó un par de veces más, y entonces pudo modular una palabra. Y luego otra. Empezó a dar una dirección. Ni siquiera se daba cuenta de lo que hacía. Le habían hecho una pregunta, así que estaba respondiéndola. Ni siquiera pensaba en eso. Por sus ojos caían lágrimas, pues pensaba en la familia que lo esperaba adentro. Les había dicho que esperaran. Aunque escucharan ruidos fuertes. Ahora ya no los iba a ver más. No iba a poder volver adentro.
Polo sacó su pistola y terminó con los balbuceos de ese tipo. Yon Donning no dijo una palabra más.
—Bien —suspiró—. Ya tenemos una dirección.
—La ferretería abandonada, eh… ¿Dónde queda eso? —pregunto Matt. Bajo ellos, el cadáver soltaba sangre sin cansancio.
—Me parece que es un lugar medio conocido en este barrio —dijo Polo.
Dieron unos pasos atrás, salieron de la casa, y se encontraron con que la calle se había vuelto un escándalo. Los disparos habían sido bastante elocuentes, y una multitud de vecinos habían salido a sus ventanas, mirando la escena de la puerta abierta. Varios los abucheaban, y gritaban el nombre de Xion.
—Parece que en este barrio se conocen —murmuró Matt, sin darle mucha importancia.
Polo los miró con desagrado. Ninguno se animaba a salir a una ventana más cerca del suelo.
—Cuánto ruido. Me parece que todos compartían el secreto de que Xion se está quedando en esa fábrica. Con todo este ruido me parece que hasta El Trueno va a enterarse.
Empezaron a caminar por la calle, ignorando a las voces que les gritaban, cuando una botella voló por los aires. Cayó sobre el rostro de Matt, partiéndose en mil pedazos y haciéndolo arquearse hacia abajo.
—La puta madre… —El boreano se llevó una mano a la cara, aunque no salía sangre de ella.
—Carajo. ¿Estás bien? —le pregunto Polo, y Matt asintió. Metió la mano dentro de su chaqueta, y cuando la saco estaba mostrando su pistola. Ahora los gritos se habían callado.
Matt empezó a reírse, desestabilizado por el alcohol, ante la situación. Una risa débil, irregular, pero que podía crecer a algo más. Pero las especies que vivían en las profundidades del centro no se habían callado por su pistola; no era la primera que veían. Habían hecho silencio por las luces que se acercaban calle arriba.
—Carajo —repitió Polo, y agarró la chaqueta de Matt para arrastrarlo con él. Corrieron hasta llegar a la esquina, y se escondieron contra la pared. Ahora también podían oírse las bocinas. Se acercaban rápido.
—¿Qué…? ¿Qué es? —pregunto Matt, drogado de adrenalina. Se acercaba la policía, eso estaba claro, pero—... ¿Quiénes son? ¿Son…?
—No… —Polo sacudió la cabeza, grave—. No son AECU.

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