Matt
estaba borracho, pero aun así entendió lo que pasaba. Antena debía haberlo
callado todo.
—¿Estas
en mi cabeza, Antena?
—Sí,
grandote —respondió este, y no pudo evitar reírse ante el puchero que llevaba
Ladrillo—. Dale, vamos, alégrate, que nos llaman.
—Dame
una mano… Antena… ¿Me das una mano? —balbuceó Matt, perdido en su borrachera, dejándose caer sobre Antena. El macho de piel azul casi se derrumba
al piso, pues Matt era mucho más pesado que él, pero se las arregló para llevar
una mano hasta la frente del boreano. Y entonces hizo lo que hacía para ganarse
su nombre. Se metió dentro de la cabeza de Matt, dentro de sus conexiones
eléctricas, y como antes había desconectado su cabeza de los sonidos del bar
para que pudiesen hablar, esta vez reordenó todo, arreglando su equilibrio,
haciendo que A volviese a ser A y B volviese a ser B.
Cuando
sacó la mano, Matt se corrió hacía un lado y vomitó. Había perdido la
borrachera, así que recibía su resaca. Un cliente se corrió de un salto, con un
quejido.
Antena
le palmeó la espalda a Matt, y ambos salieron para afuera. El calor del bar
empezó a quedarse atrás; Antena dejó que la cabeza de Matt recuperara los sonidos
del ambiente. Se subieron a un tranvía automático y descendieron por el centro.
Matt miró por la ventanilla durante todo el trayecto, aun adormecido. Mientras
tanto, Antena hablaba, explicándole que tenía que encontrarse con Polo y
encontrar a un tal Xion Donning… y algo más. Por un lado, Matt no escuchaba,
pero por el otro trataba de encontrarle algún sentido a todo eso. Tendrían que
ir y golpear a alguien de nuevo. Polo y él ya habían hecho eso antes. Pero
nunca tenía sentido a quien. Solían ser trabajadores normales, o a veces ni
siquiera trabajadores; mendigos…
Pero
a ellos no les correspondía hacer preguntas. De alguna manera, el Sr. Sonrisas
nunca se equivocaba. Si es que siquiera existía. Todavía no lo habían visto
nunca. Matt le había preguntado a Antena, con quien solía juntarse más seguido
después de los trabajos, una o dos veces, si lo había visto, pero él tampoco lo
había visto. Pero era claro que todo no se le podía ocurrir a Antenas, o a
ninguno de los otros. Estaba demasiado coordinado. La forma en la que algunos
trabajos eran grandes y otros pequeños, pero a fin de año la plata siempre
había aumentado. La forma en que evadían a la policía o tenían control dentro
de ella. Pero para eso estaban ahí. Para que la policía devolviera la jugada,
para encontrar al Sr. Sonrisas.
Matt
a veces pensaba en todo esto, en todas estas cosas que no entendía, pero no
demasiado seguido. Polo pensaba en ello mucho más. Hasta creía entender quiénes
eran las personas a quien golpeaban; “no serán nadie por si solos,” decía Polo.
“Deben ser a quienes conocen. Deben tener familias poderosas, y cuando
castigamos a estos fulanos en realidad estamos amenazando a esos otros.
Familias. O conocidos. Por ahí conocen a polis. O a empresas. Da igual.” Pero
las conexiones eran demasiado tenues. Para poder unir los cabos debían ponerse
a investigar de en serio. Y no podrían hacer eso sin llamar la atención. Ya
había sido bastante difícil que llegaran a trabajar juntos, que ponerlos como
compañeros hubiera parecido una decisión natural, teniendo que entrar cada uno
en la organización por su cuenta. Así que todo tomaba tiempo. No podían
contactar a AECU. Matt ya había olvidado el rostro del capitán Ducrey. Solo
esperaba que Ducrey no hubiese olvidado el suyo.
Cuando
estaban por bajar, Matt notó que Antena había dejado de hablar en plural (lo que tienen que hacer es lo siguiente…)
y se refería a él particularmente (ahora
bien, escucha…). Es decir que era algo importante. Matt solo era bueno en
prestar atención cuando algo se separaba de su patrón.
—Escucha…
grandulón, con este tienen que ponerse las pilas. Ya se nos viene escapando. El
jefe mandó al Trueno a buscarlo y al idiota se le escapó. Ósea que ya… para
ahora, este Xion ya sabe que lo estamos buscando. Se va a estar escondiendo.
Eso es una imagen horrible, ¿entendés? Porque mientras se está escondiendo, en
cada momento, puede estar contando que se está escondiendo de nosotros, y eso es una mierda. Nos deja como unos boludos.
Sí,
sí, asentía Matt… y el tranvía ya había llegado. Se bajó y El Antena lo despidió
con una palmada. Mientras el tranvía empezaba a alejarse, y Antena ganaba
distancia, Matt podía sentir como un poco de su borrachera volvía a él, como un
efecto residual; pero sacudió la cabeza y se sacó la sensación de encima.
Mientras empezó a dirigirse con Polo, su mente olvidó todas sus dudas, y solo
deliberó sobre el trabajo, tratar de hacerlo rápido, lugares por donde podrían encontrar
a Xion Donning.
Sabían
los lugares por donde circulaba, los mismos por donde Trueno había entrado en
estampida y había logrado que Xion saliera corriendo. Sí. Eso estaría bien.
Pero se preguntó si Trueno estaría bien. Cagar un trabajo no le gustaba a nadie.
Matt pensó si era posible que fueran a encontrarse con Trueno, tratando de terminar
el trabajo por su cuenta y reparar su error, y concluyó que no era tan improbable.
Polo no estaba mucho más lejos.
Matt
se apretó el saco alrededor del cuerpo; el calor del bar muy lejano ya.
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