sábado, 18 de marzo de 2017

9



Los problemas con Ion se resolvieron cordialmente. Fui capaz de calmarlo de un boreano a otro. Luego de eso, Sonrisas nos permitió unos días de calma. Los negocios fluyen con normalidad. Pero ese es parte del problema. ¿Cuáles son sus negocios? Sonrisas nos ha enviado en trabajos dispares entre sí. Cobrar deudas. Vender armas. Ejecutar. ¿Cuál es su negocio principal? No logro ver a donde apunta todo. Quizá ustedes puedan unir los puntos mejor que nosotros. Fin del reporte.”
Matt guardó el archivo y apagó su computadora. De nuevo, se había asegurado de usar una maquina publica, que no pudiese registrar su acceso. Pero era imposible estar seguro de que fuese un método confiable. Sonrisas parecía tener un alcance sin límites; contactos en todos los rincones. Era imposible saber que tanto controlaba a sus empleados, que tanto revisaba sus accesos a un ordenador.
Basta, se dijo Matt. Basta de esta paranoia. “No sabes. Simplemente no sabes que tan a salvo estás.” El boreano se palmeo la cara, pero ni siquiera lo sintió. Suspiró. Había tantas cosas que no sabía… Su compañero, Polo, no tenía memoria de su pasado, pero a veces Matt sentía que él era quien estaba verdaderamente perdido.
Se había movido hasta un banco en la calle, donde creyó que podía gastar un rato viendo a la gente pasar. Sin embargo, en esa ciudad había tanta población que no podía verse más que un sinfín de autos navegando uno sobre otro. Centró su vista en nada en particular, dejando que su mente vagara sin dirección. Necesitaba una guía. Algo a lo que aferrarse. Por ahora, el Capitán Ducrey era la última garantía que le quedaba. Aunque Polo creyese que juntar toda su investigación en un solo lugar fuese riesgoso…
—Él no entiende —susurró Matt—. Nadie entiende.
Se tomó la cabeza con las manos. Su cuerpo se sentía más pesado… Estaba transpirando.
¿Cómo podría entender Polo? Él lo había matado… Al familiar de Donning. Matt no había podido dejar de pensar en él desde aquel día. La manera en que toda la gente de la calle había reaccionado… La botella que habían tirado en su cara…
—Carajo. Necesito un trago.

“Carajo”, pensó Polo. “¿Ahora qué?”
No era normal que lo citaran al edificio sin su compañero. Solo solían llamarlos para darles trabajos, y siempre se los daban a ambos…
Mientras pasaba a la oficina, Polo no lograba quitarse la sensación de que algo andaba mal.
—Por favor —dijo una voz—, tomá asiento.  
—¿Eh? —Polo levantó la cabeza, saliendo de sus pensamientos. Frente a él se encontraba una mujer de piel violácea.
—Que tomes asiento.     
—Ah, sí…
Mientras hacía caso, la mujer le sonrió.
—Perdón —dijo Polo, algo confundido—, ¿Rima va a entrar pronto?
—Oh, hoy no estas para verlo a Rima —dijo la mujer. Polo notó que su cuerpo no estaba mal dotado, y sonrió.
—Ah, ¿sí?
—Hoy estás para verme a mí… Me dicen Vibra. —Tras decir eso, la mujer se sentó sobre la mesa en frente de Polo, extendiendo su cuerpo ante él.
—¿Vibra? —Polo perdió su sonrisa. Había escuchado ese nombre antes… Entre charlas de bar. ¿Cómo era…? Un agente de Sonrisas del que todos hablaban… Estar en ese cuarto podía ser peligroso. Su cuerpo empezó a tensarse, pero de pronto ese sentimiento desapareció, reemplazado por otra cosa. Algo mucho más fuerte.
“Cielos”, pensó Polo, mientras se esforzaba por recordar. “Que buena que está…”
—¿Sabes, Polo? Era muy importante que vinieras… —empezó a decir Vibra—. Te esperaba con mucha ilusión.
—¿E-En serio? —Polo se revolvió en su asiento, sintiendo que la temperatura aumentaba cada vez más. La mirada de esa mujer era… penetrante.
—Sí. Veras, apareció algo extraño en los registros hace poco… En los registros de Sonrisas. Y el señor creyó que ustedes merecían el beneficio de la duda, teníamos que preguntarles antes de sacar conclusiones.
Polo tuvo un escalofrió, y mil pensamientos cruzaron su mente. ¿Acaso se habían equivocado en algo? ¿Habían revelado para quien trabajan? ¿Acaso era su final?
Pero el impacto le permitió concentrarse por un segundo, y entonces pudo recordar. Vibra: La Tyrhileana que trabajaba para Sonrisas. La que emitía feromonas con su presencia… La que excitaba a la gente hasta lograr hacerlos hablar.
Conque así estaban las cosas, ¿eh? Sonrisas les había mandado una interrogadora. Realmente la habían cagado.
—¿A…? —Polo tragó saliva—. ¿A qué te réferis? —su mirada era fría, su postura era recta. Polo no había olvidado su entrenamiento.
—Bueno, parece que tu compañero estuvo haciendo muchos accesos a computadoras alrededor de la ciudad… y cada vez que se retira deja todo guardado en un mismo archivo.
Mientras hablaba, mientras de su boca salían palabras que podían significarlo todo para Polo, Vibra siempre mantenía su sonrisa, su mirada penetrante.
Polo estaba tieso. Petrificado. Y lo asaltó una ilusión: Se imaginó saltando sobre Vibra, derribándola y tomando su cuello con ambas manos… Y las feromonas seguían haciendo efecto, estimulándolo más y más… Y su agarre en el cuello se haría más duro, hasta que…
¡No!
No. Solo era una fantasía. Solo era la influencia de Vibra. Aún tenía que responderle.
—¿Reloj? ¿Estás ahí? —Vibra soltó una risita—. ¿Se te ocurre que puede tener este archivo de tu compañero? Lo que está haciendo parecen las acciones de alguien que no quiere que sus registros se guarden… alguien que tiene algo que ocultar… Pero todos los que trabajamos para Sonrisas acordamos decirle la verdad, ¿no?
Polo recordó la mejor forma de mentir: diciendo la verdad.
—No sé… No sé lo que tendrá ese archivo. Esto tambien es una novedad para mí.

Mientras tanto, Matt se esforzaba por volver a casa. Sus pasos eran vagos, tentativos, difusos entre todo el alcohol en su organismo. Pero la oscuridad en su vista era oscuridad en su mente, y eso lo alejaba de sus dudas, su dolor. Todo estaba bien.
Matt no dejaba de repetirse eso mientras andaba, pasando por un callejón para llegar a casa. De haber hecho silencio en su cabeza, quizá hubiese escuchado los pasos que lo seguían por detrás. Cuando Matt entró al callejón, los pasos dejaron de molestarse en ocultarse, y un grito resonó por el aire.
—¡Esto es por Donning!
Una botella voló por el aire, estrellándose en la cabeza del boreano. La botella explotó en un remolino de fuego, y la chaqueta de Matt tambien se incendió. A todo esto, Matt había empezado a voltearse para ver el origen del grito, pero su propia confusión lo hizo tropezarse y caer sobre un charco. Mientras el fuego se extendía por su cuerpo, Matt aún no había llegado a entender la situación, y su mirada se hacía más y más oscura… Por detrás, los pasos que lo habían seguido huían, corriendo.
“Todo está bien,” pensó Matt. “Todo está bien.”