Matt
y Polo terminaban sus bebidas en el cuarto bar de la noche. Polo había pedido
un trago con hielo, pero Matt había ordenado otro vaso puro; su biología no le
permitía sentir nada con algo más suave. Vació el vaso y lo dejó sobre el
mostrador; entonces pidió otro. Luego pidió dos más. Polo, que ya había sentido
el aliento emborrachado de Matt cuando se habían encontrado, lo miraba con un
pucho. Él no había pedido más que un trago. Sí pedían un vaso por cada bar al
que visitaban, ya sería demasiado. Matt no parecía fijarse en eso. Pero Polo
miraba sin decir nada, aspiró el cigarro y dejó que el humo saliera en la cara
de Matt. El boreano se giró molesto, dejó el etanol y pagó la cuenta.
—Vamos.
Hora de irnos —le dijo a Polo, y ambos salieron por la puerta de atrás.
Empezaron
a caminar por el callejón, ya sin muchas ideas. Si ese Xion estaba
escondiéndose, no iba a estar paseando por los bares por donde se lo conocía.
Polo aspiró profundo y dejó salir otra nube de humo negro. Matt lo miro
irritado.
—Pará con esa mierda —dijo.
—¿Qué
mierda? —pregunto Polo.
—Esa
—dijo Matt, y señaló hacía el pucho de Polo. El humano le levantó las cejas
como si no pudiera creer el reclamo que estaba oyendo.
—¿Qué
te molesta, gordo? Si a vos el humo no te hace nada.
—No
sabes…
—No
puede ser que te haga nada, vamos.
—¡No!
¡Ese humo de mierda va directo a tus pulmones! Mi piel no va a ayudarme contra
eso —bramó Matt, sacudiendo el dedo frente a la cara de Polo—. Fumas en la
calle, y hasta tenes que fumar adentro de los bares… Y dentro de tu casa…
El
humano permaneció tranquilo, sobrio, y exhaló su humo sobre el dedo del
boreano. Entonces Matt se hartó y le sacó el cigarrillo de una palmada.
Polo
lo miró con los ojos bien abiertos. Movió su brazo derecho y le paró la mano a
Matt. El boreano trató de zafarse, pero esa era la prótesis de Polo. Matt no se
movió a ningún lado. Entonces Matt abrió los ojos.
—Ya
sé cómo encontrar a Xion Donning.
Polo
centró su atención, soltando a Matt, y ambos olvidaron la discusión en un
instante.
—Su
casa. Su residencia tiene que estar registrada —explico Matt—. Solamente
tenemos que buscarlo en el registro por su nombre y tendría que soltar una
dirección…
—Para
—dijo Polo, que parecía estar considerándolo—. ¿Qué registro?
—¿Qué
registro va a ser? —dijo Matt, encogiéndose de hombros.
—¿El
de AECU?
—Es
al que podríamos acceder.
—Estás
loco —dijo Polo, sacudiendo la cabeza en negación—. Cada conexión queda
registrada. Sonrisas se enteraría.
—Pero
lo haríamos con nuestros nombres reales…
—Peor
aún. Le estaríamos diciendo a Sonrisas quienes somos. Él sabría que lo hacemos
nosotros —dijo Polo.
—¿Cómo?
—pregunto Matt.
—Sonrisas
sabría.
—¡Bien!
—bufó Matt, levantando los brazos los al aire—. Entonces no hacemos un carajo.
Perfecto.
Polo
se metió una mano en un bolsillo, buscando más cigarrillos. No parecía
encontrar nada, pero revolvía la mano de todas maneras.
—No,
¿no? —Siguió Matt—. Eso no suena como tan buena idea. Pues yo voy a hacerlo
igual. Entramos por una cabina pública y listo.
Polo
no respondió nada, cansado y con migraña. Levantó la mirada al cielo, pero no
vio más que negrura. Debía ser la hora más oscura de la madrugada. Matt ya
estaba alejándose por el restaurante, sin esperarlo. Polo se puso en marcha sin
apuro alguno.
No
les tomó mucho encontrar una cabina, a unas pocas cuadras. Matt accedió su
nombre y entró al servidor de la AECU. Polo lo miraba con cara de pocos amigos.
No entendés, pensaba Matt. No entendés que esto es importante. Vos le ibas a
decir que no a la idea, yo sabía que le ibas a decir que no, porque ya ni
consideras a Administración. Estoy seguro. Ya ni recordás que sos un
policía… Si no entramos cada algún tiempo, cada un par de meses, ¿Cómo
recordamos lo que somos…? ¿Cómo nos lo probamos a nosotros mismos, más que
comprobando que nuestra contraseña sigue funcionando?
Busco
el nombre de Xion Donning y encontró una dirección. No era de Xion Donning,
pero el propietario también se apellidaba Donning. Ya era algo. Se la dictó a
Polo una sola vez, y sabía que Polo la iba a recordar. Todo listo. Entonces se
le ocurrió algo más. La idea le cruzó la mente por un segundo. Podía mandarle
un mensaje al capitán. Podía abrir un archivo, y empezar a adjuntar los
ficheros de los trabajos que habían estado haciendo para Sonrisas. No era algo
que podría lograr en esos momentos, con Polo apurándolo. Quizá podía hacerlo a
través de varios días. Ir adjuntando todo y ayudar al capitán a que uniera las
piezas. Porque ellos estaban demasiado cerca para verlo. Demasiado cerca.
—¿Matt?
—preguntó Polo.
El boreano se giró hacía él. Estaba respirando
por la boca y formaba pequeñas nubes blancas.
—Sí.
Sí. Vámonos.
Caminó
hasta estar junto a Polo, y se pusieron en marcha. La dirección no estaba muy
lejos. Pero estaban adentrándose en el centro. Los edificios de departamentos
se hacían más altos, las calles más anchas y vacías. Acortaron camino por un
estacionamiento abandonado, y al doblar en la esquina ya pudieron ver la casa.
Era chiquita, apretada entre las otras casas. Matt y Polo caminaron hasta la
esquina y se miraron.
—Esta
no era la casa de Xion, ¿no? —pregunto Polo.
—No.
Está a nombre de un tal Yon. Quizá sea la casa de la familia… Entonces,
¿tocamos timbre?
—Tienen
que haber notado que papi está pasando demasiadas horas en casa sin ir para un
bar… —Comentó Polo.
—O sea
que tienen que saber que anda metido en un lío —dijo Matt.
—O sea
que podríamos asustarlos. —Polo dio un paso adelante—. La puerta es muy
estrecha. Debe llevar a un pasillo antes de la casa.
—No
la tiramos abajo, entonces. Tocamos timbre, será.
El
boreano hizo sonar el timbre, y les respondieron en un instante.
—¿Quién es?
Ninguno
respondió. Dejaron que el hablante escuchara su silencio y el ruido de la
calle, y que eso dijera suficiente. Matt y Polo escucharon su respiración
agitada por el otro lado del micrófono, y pronto colgó.
Empezaron
escuchar movimiento dentro de la casa; sonidos que parecían a cierta distancia.
Polo había tenido razón; había un pasillo del otro lado de la puerta. Pronto
aparecieron pasos, y un humano camino hacía ellos con paso apurado.
Llegó
hasta la puerta, pero en vez de abrirles apoyó la cara contra ella.
—Por
favor —dijo—. Por favor. Váyanse.
—¿Xion
Donning? —preguntó Matt.
—No…
Soy… Soy el tío, pero por favor… No está acá, acá solamente está mi familia, y
no queremos…
—¿Dónde
está? —pregunto Matt, conciso. Polo dejaba que el boreano hablara con calma.
—Eh…
no sé. —Dijo el hombre del otro lado de la puerta, y solo por la pausa Matt
supo que estaba mintiendo, como les habían enseñado en la academia.
—¿Dónde
está?
—¿No
pueden dejarnos en paz? ¿Por favor?
—No
—dijo Matt, y el humano dejó de titubear.
Se
escuchó un clic en la puerta, que se abrió en un movimiento. El humano esperaba
del otro lado, pistola en mano. Matt se movió en frente de Polo, cubriéndolo, y
recibió el tiro. Entonces irrumpió en la casa, estirando su mano y levantando
al humano por los aires con la sacudida. El Ladrillo avanzó contra él,
apretándolo contra la pared de piedra. El hombre cayó al suelo como un trapo
viejo y dejó un hilo de sangre sobre él.
Ahora
Polo también había entrado. El humano miraba a los asesinos con incredulidad,
sin darse cuenta de lo que había pasado, sin poder entender que estuviera
viéndolos delante de las paredes de su casa, las paredes que había visto tantas
veces en su vida. Polo ni se gastaba en mirarlo. En cambio se fijaba en Matt;
en lo que acababa de hacer. Ese Donning estaba casi muerto. No había estado
mal.
—Entonces,
¿dónde está? —bramó Matt, agazapándose contra el hombre moribundo.
Este
intento sacar algunas palabras de su boca, lo intentó un par de veces más, y
entonces pudo modular una palabra. Y luego otra. Empezó a dar una dirección. Ni
siquiera se daba cuenta de lo que hacía. Le habían hecho una pregunta, así que
estaba respondiéndola. Ni siquiera pensaba en eso. Por sus ojos caían lágrimas,
pues pensaba en la familia que lo esperaba adentro. Les había dicho que
esperaran. Aunque escucharan ruidos fuertes. Ahora ya no los iba a ver más. No
iba a poder volver adentro.
Polo
sacó su pistola y terminó con los balbuceos de ese tipo. Yon Donning no dijo
una palabra más.
—Bien
—suspiró—. Ya tenemos una dirección.
—La
ferretería abandonada, eh… ¿Dónde queda eso? —pregunto Matt. Bajo ellos, el
cadáver soltaba sangre sin cansancio.
—Me
parece que es un lugar medio conocido en este barrio —dijo Polo.
Dieron
unos pasos atrás, salieron de la casa, y se encontraron con que la calle se
había vuelto un escándalo. Los disparos habían sido bastante elocuentes, y una
multitud de vecinos habían salido a sus ventanas, mirando la escena de la
puerta abierta. Varios los abucheaban, y gritaban el nombre de Xion.
—Parece
que en este barrio se conocen —murmuró Matt, sin darle mucha importancia.
Polo
los miró con desagrado. Ninguno se animaba a salir a una ventana más cerca del
suelo.
—Cuánto
ruido. Me parece que todos compartían el secreto de que Xion se está quedando
en esa fábrica. Con todo este ruido me parece que hasta El Trueno va a
enterarse.
Empezaron
a caminar por la calle, ignorando a las voces que les gritaban, cuando una
botella voló por los aires. Cayó sobre el rostro de Matt, partiéndose en mil
pedazos y haciéndolo arquearse hacia abajo.
—La
puta madre… —El boreano se llevó una
mano a la cara, aunque no salía sangre de ella.
—Carajo.
¿Estás bien? —le pregunto Polo, y Matt asintió. Metió la mano dentro de su
chaqueta, y cuando la saco estaba mostrando su pistola. Ahora los gritos se
habían callado.
Matt
empezó a reírse, desestabilizado por el alcohol, ante la situación. Una risa
débil, irregular, pero que podía crecer a algo más. Pero las especies que
vivían en las profundidades del centro no se habían callado por su pistola; no
era la primera que veían. Habían hecho silencio por las luces que se acercaban
calle arriba.
—Carajo
—repitió Polo, y agarró la chaqueta de Matt para arrastrarlo con él. Corrieron
hasta llegar a la esquina, y se escondieron contra la pared. Ahora también
podían oírse las bocinas. Se acercaban rápido.
—¿Qué…?
¿Qué es? —pregunto Matt, drogado de adrenalina. Se acercaba la policía, eso
estaba claro, pero—... ¿Quiénes son? ¿Son…?
—No…
—Polo sacudió la cabeza, grave—. No son AECU.