martes, 12 de enero de 2016

6


Matt revisó la escena con una mirada rápida. En el cuarto frente a ellos estaba el Trueno, apuntando a él y a su compañero, con sudor cayendo por su cara aceitosa. En el cuarto que se abría dentro de aquel, su objetivo; Xion Donning. Con la cicatriz con la que todos sus conocidos lo reconocían, Donning sacudía su cabeza por todos lados; sus chillidos cubrían el lugar, y retumbaban en la cabeza de Matt, alterada por el alcohol. Lo que ya era desgarrador por si solo se tornaba insoportable para el boreano.
—¡Trueno! —gritó Matt, atreviéndose a asomarse de su escondite. Él podía durar más que Polo ante las balas—. ¿Qué haces, idiota? ¡Venimos con vos! ¡Baja el arma!
¿Cómo encontró este lugar?, se preguntó Matt. Para enterarse de esa dirección él y su compañero habían tenido que cometer un asesinato. Quizá así había sido cómo. Después del escándalo que habían armado en la dirección de los Donning, todo el barrio había estado enterado de que buscaban a Xion, y que se dirigían a la fábrica. Quizá las noticias habían alcanzado al Trueno.
—¿Son de Sonrisas? —dijo el Trueno, casi para sí mismo—. No puede ser. No puede ser. Dijo que no me iba a ayudar nadie…
—¡Sí! —le gritó Polo—. ¡Apuntá el arma para el otro lado, imbécil, o te bajamos con todo el resto!
Dentro de las habitaciones, bajo los pies del shaler y del humano, el lugar se encontraba repleto de cuerpos. El trueno, famoso por su velocidad, había derribado a todos los amigos de Donning; además, todos eran humanos. Matt pensó que el Trueno debía haber confundido a Polo con uno de ellos.
El Ladrillo trataba desesperadamente de justificar al Trueno; de buscar una buena razón para no pegarle un tiro. Luego de todo el trabajo que había tomado encontrarlo, su colega de trabajo los había recibido con un balazo. El alcohol empujaba al boreano a salir de su escondite y lanzarse contra el Trueno; lo único que lo mantenía en su lugar era el conocimiento de que estaba cubriendo a Polo.
—El Señor Sonrisas dijo que iba a poder hacerlo solo… —continuaba susurrando el Trueno—. ¿Ya mandó a que me reemplazaran?
—¡No te queremos reemplazar! —gritó Polo—. ¡Déjanos ayudarte! ¡Fijate, el humano ya recargó su arma!
Eso último pareció convencer al Trueno. Dándose vuelta, busco cubierto tras su propia pared, alejándose del subfusil de Donning.
Polo miró a Matt. Esa mirada remarcó lo que Matt pensaba; sí, sí venimos a reemplazarlo. No eran idiotas. Habían entrado en el grupo de Sonrisas hace menos de un año, y no tenían una posición muy importante. El Trueno era igual. Estaba claro que esa misión era una prueba de pasaje, y que ellos necesitaban el crédito.
—Esos dos están paralizados —dijo Polo—. Tenemos que acercarnos si queremos que esto no dure para siempre.
—El Trueno está muy inestable, creo —dijo Matt—. No nos conviene hacer movimientos bruscos… Además, el humano ese se está desangrando. Esto va a terminar rápido.
—Miren nada más —dijo Polo, con una sonrisa—. El Ladrillo siendo paciente.
Matt devolvió la sonrisa, pero su cuerpo estaba tan tenso que los labios le temblaban. Los gemidos de los humanos heridos y los gritos incoherentes de Donning no dejaban de rebotar contra las paredes, poniendo a Matt cada vez más nervioso. No iba a poder aguantar mucho más.
Polo, la única persona concentrada del edificio, era consciente de todo esto. Su compañero no iba a aguantar mucho, y el Trueno y Donning iban a apuntarse entre sí por todo el día… a menos que alguien quebrase ese empate.
Con un movimiento, Polo dio un empujón a Matt y se inclinó dentro del cuarto. Sin perder tiempo, levanto su arma a la altura de sus ojos y jaló el gatillo con seguridad. La bala rozó al Trueno, paso hasta el siguiente cuarto y derribo a Donning con un sonido sordo. La puntería había sido perfecta. Los gritos de Donning cesaron al instante.
Pero el bramido del disparo había sido demasiado para la mente del Trueno. Fuera de sí, el asesino se giró hacía Polo; el Reloj no había esperado que fuera tan rápido. Estaba completamente expuesto ante el Trueno.
En ese momento, Matt le devolvió el empujón que le debía y se puso frente a él, cubriéndolo. Mientras caía hacía atrás, a salvo, Polo sintió cómo si se salteara un latido. Pero los reflejos del Trueno eran impecables. En cuanto vio que su objetivo había cambiado por uno más resistente, movió un encaje en su pistola, alterándola. Y el impacto que recibió Matt no fue lo que había esperado.
Recibir balas nunca era agradable. La piel del boreano podía resistirlas, pero su interior se revolvía de todas maneras. Y el hecho de que no fuera a morir no significaba que no doliese como un martillo contra la piel de un humano. Matt había cerrado sus ojos, preparándose para el impacto. Tenía suficiente confianza en sí mismo como para confiar en que iba a permanecer de pie. Sin embargo, todo su cuerpo se elevó del suelo.
La bala llevaba una descarga eléctrica. Afectando todo su cuerpo, Matt sintió cómo la sacudida alcanzaba a todos sus huesos a la vez, y el dolor era tan agudo que parecía frio. Su cuerpo salto hacia atrás en un espasmo, y se desplomó detrás de Polo con un alarido. Su arma cayó lejos de él.
El Trueno buscó al humano, pero este ya se había cubierto detrás de la pared. Polo apretó los dientes en furia y se preparó para salir.
—¡Matalo! —rugió Matt, desde el suelo—. ¡Matalo; es de Sonrisas!
Era verdad. Xion Donning estaba muerto; su trabajo ya había terminado y Sonrisas los iba a recompensar. La posibilidad de matar a uno de sus trabajadores donde no había ningún testigo no era un mal bonus.
Saliendo de su pared, Polo apuntó certero y, con su disparo, el arma del Trueno salió volando de sus manos. El siguiente tiro era para su cabeza.
Pero ese era un cuarto pequeño. Antes de que Polo se diera cuenta, el Trueno estaba tan cerca que podía estirar su mano y alcanzar al humano; y lo alcanzó con un puñetazo. Polo sintió cómo algo crujía y sangre empezaba a salir desde su nariz.
En ese momento, Matt apareció frente a ellos. El Trueno se paralizó, volviéndose pálido ante lo que consideró una aparición. Nadie podía haberse puesto de pie tan rápido. Pero Matt era muy bueno en no sentir cosas cuando estaba bajo los efectos de la bebida.
Matt le dio con su puño izquierdo y luego con el derecho. Sus manos eran como pedazos de roca, y esta vez los crujidos sonaron en el cuerpo del shaler. Pero el Trueno no emitió ni una queja, y le devolvió un golpe a Matt. Dándole en el cuello, el boreano sintió que su visión se borroneaba y que todo empezaba a dar vueltas.
El Trueno no era idiota. Sabía que estaba contra dos personas; dos asesinos que trabajaban para el mismo hombre que él, y que habían anunciado sus intenciones en voz bien alta. Sabía que lo más seguro era que fuera a morir en los próximos instantes. Era esta adrenalina lo que le impedía ser derribado. No iba a morir. No quería morir… Sonrisas le había prometido que ese trabajo era solo para él… su gran oportunidad para salir a relucir. Todo iba a ser mejor luego de eso. Iba a empezar a conseguir que lo tomen en serio, y a ganar dinero de en serio…
Al final, el Trueno ni siquiera escuchó el segundo bramido. Polo le puso la bala por encima de la nariz, y el Trueno murió en seguida.
Polo suspiró, refregándose la nariz sangrante. Mientras Matt se ponía de pie, el humano pensó que querría un cigarrillo.
—Entonces Xion Donning ya es un fiambre —dijo Polo.
—Ni siquiera sabíamos por qué lo buscaba Sonrisas —dijo Matt, mientras se le iba el hormigueo  de la electricidad—. Ni siquiera sabíamos qué le había hecho… Y nos habían dicho que podíamos atraparlo con vida.
—Matt, vamos, dale. Si la policía de la Dinastía anda por este barrio entonces pueden aparecer por acá.
—Sí. Tenes razón —balbuceo Matt, bajando la cabeza—. Y parecía que todos los del barrio sabían que Donning se estaba escondiendo acá. Mejor vamos yendo.
Polo le dio una palmada a su compañero, bajaron las escaleras y salieron de la fábrica.
Lo usual entonces era ir directo al edificio de la organización, para decirle a Sonrisas como había ido todo. En el camino de vuelta, la cabeza de Matt no dejaba de dar vueltas. No dejaba de pensar en lo que había dicho el Trueno.
Sonrisas le había dado esa tarea al Trueno para que se probase a sí mismo. Pero tambien se las había dado a ellos dos. ¿Acaso Sonrisas habían querido que ellos se ocupasen del Trueno? ¿O había esperado que pasase lo contrario? Matt gruñó ante todas esas dudas. Gruñó ante la incertidumbre constante, ante el temor de que Sonrisas sospeche que Polo y él eran agentes encubiertos. Ese temor que nunca llegaba a irse del todo.
Estaba claro que tendría que conectarse a alguna terminal y actualizar el informe que había decidido armar para la AECU. Ahora Matt estaba convencido. Preparar un diario constante para la policía, para pasarles datos de alguna manera, era lo mejor que podían hacer para ayudar, por ahora. Incluso si Polo creía que era demasiado arriesgado. No necesitaba contarle a Polo que iba a seguir con el informe. Mientras menos personas supieran de ello, más seguro iba a ser, ¿no?
Caminando junto a él, los pensamientos de Polo iban por otros lados. Matt y él acababan de matar a un miembro de su propia banda, aun si podían decir que había sido culpa de Donning. El Trueno era conocido por su temperamento. Polo esperó que el temperamento del compañero del Trueno fuese un poco mejor, pues ellos iban a tener que comunicarle la noticia.